// BREVE MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA GENTE QUE VE REDUCIDO SU TAMAÑO DRÁSTICAMENTE

Ahora que usted ha encogido...

Publicado por Carlos Díaz Laguna

Kevin Feige, director de Marvel Studios, ha asegurado que al final de la inminente Ant-Man (Peyton Reed, 2015) veremos “algo que no habíamos visto nunca antes en una película de encogimientos”. Huelga aclarar que se trata de nuestra declaración favorita relacionada con el mundo del cine de los últimos años. ¿Se puede innovar dentro del subgénero cinematográfico dedicado a la gente que encoge, o, como a nosotros nos gusta llamarlo, shrinksploitation? Creemos firmemente que sí. Tampoco es que se hayan hecho tantas, para qué nos vamos a engañar. No nos hemos dedicado a contarlas, pero uno diría, así a ojo de buen cubero, que el número de películas dedicadas a gente que agranda es muy superior. El motivo de esta discriminación nos es desconocido, pero no estamos aquí para suscitar polémicas, sino para intentar responder a la pregunta “¿Qué nos han enseñado las películas de encogimientos?”. A continuación, les ofrecemos una serie de consejos sobre qué hacer y qué no en caso de que usted se vea un día reducido de tamaño, Dios no lo quiera.

1/ NO SE CREE FALSAS EXPECTATIVAS:Por regla general, la vida de una persona que encoge es muy jodida. El Hombre Hormiga puede volver a su tamaño natural a voluntad, pero, oiga, es un personaje de cómic. Esperamos equivocarnos, pero nos tememos que usted no va a tener tanta suerte; a no ser, claro, que su desgraciado estado actual se deba a un experimento científico de efectos reversibles (en tal caso, vaya al punto 4). Pero como le pase como al protagonista de El Increíble Hombre Menguante (The Incredible Shrinking Man, Jack Arnold, 1957), y no tenga ni idea de por qué de repente le quedan bien los zapatos de su  hijo de ocho años... Lo lleva crudo, amigo. Nuestro consejo es que intente mantener la calma; no va a solucionar nada poniéndose de mala leche o cayendo en una depresión. Supere la fase de negación y convénzase de que su pérdida de tamaño no tiene nada que ver con los milagrosos efectos de esa dieta del pomelo que empezó la semana pasada, ni por ducharse con agua caliente en verano. Está encogiendo sin motivo aparente; acéptelo con gallardía. 

2/ OLVÍDESE DE SU VIDA ANTERIOR: No le hará ningún bien pretender que no pasa nada delante de su círculo afectivo o profesional. Su jefe, sus amigos y su pareja se darán cuenta en seguida de que hace menos bulto que antes. En lo que respecta a su vida marital, esta situación se puede volver especialmente dolorosa; si no, que se lo digan al protagonista de la película de Jack Arnold que hemos mentado más arriba (basada en una novela del fabuloso especialista en paranoias Richard Matheson). Piense en esto: para su pareja, usted dejará de ser un tigre en la cama para convertirse en el sustituto del oso de peluche que reposa sobre la colcha. Mal rollito. Lo mejor será dejarlo todo atrás y plantearse nuevos retos.

3/ ESTABLEZCA UN PERÍMETRO DE SEGURIDAD: Dejarlo todo atrás no significa necesariamente lanzarse a tumba abierta a un mundo que ahora, a causa del cambio de perspectiva, resulta aterrador. Evite situaciones potencialmente peligrosas, como pasear por un jardín o bañarse en un tazón de cereales; mire el berenjenal en que se metieron los chavales de Cariño, he encogido a los niños (Honey, I shrunk the kids, Joe Johnston, 1989) por desobedientes y díscolos. Busque un ambiente iluminado y aséptico, libre de insectos, mascotas, arácnidos y demás especies animales que puedan merendárselo. E intente, dentro de lo posible, pisar sobre superficies pulidas y sin agujeros, como una encimera de mármol, o de imitación a mármol.

4/ SI SU ENCOGIMIENTO TIENE UNA CAUSA CIENTÍFICA, INTENTE REVERTIRLA CUANTO ANTES: Los protagonistas de Cariño, he encogido a los niños, Viaje alucinante (Fantastic Voyage, Richard Fleischer, 1966) y El chip prodigioso (Innerspace, Joe Dante, 1987) fueron reducidos en un laboratorio. Si es este su caso, busque al científico que le causó el estropicio y exija que le devuelva a su tamaño real. A veces puede resultar una tarea complicada, sobre todo si usted tiene el tamaño de un guisante. Quizá no pueda hacerse ver ni oír aunque esté a un metro del científico; si es así, pruebe a ponerse debajo de una lupa, o trate de gritar a un micrófono conectado a un altavoz, o póngase a saltar sobre el teclado de un ordenador con el procesador de textos abierto. O vuelque un tubo de ensayo, o pisotee una placa de Petri, o dispare un láser; hay un montón de maneras de hacerse notar dentro de un laboratorio. Ahora bien, si se encuentra con el científico fuera de su entorno laboral, tomando el sol en una tumbona, por ejemplo, nuestro consejo es que se abra camino hasta su cara y le  tire de un pelo de la nariz, que no vea cómo duele eso.  Pero, eso sí, intente no adentrarse demasiado dentro de sus fosas nasales, porque, como decimos en el siguiente punto…

5/ ¡NO SE META DENTRO DEL CUERPO DE UNA PERSONA DE TAMAÑO NORMAL!: Sí, a lo mejor lo han encogido precisamente para eso, como a los protagonistas de Viaje alucinante y El chip prodigioso (incluso los Simpsons se internaron una vez en el cuerpo del señor Burns), pero nosotros le rogaríamos encarecidamente que no lo hiciera. ¿El interior del cuerpo de otro menda? ¿En serio? A ver, ¿usted sabe lo sucio que está eso, que puede pillar de todo ahí, hombre? Y después hay que salir por sitios tela de desagradables, como los conductos lagrimales o, mucho peor, por el ojete. Usted haga lo que quiera, pero, si dependiera de nosotros, la misión se la iban a encargar a Rita.