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El Cabrero Chico

Carlos Díaz Laguna

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ALIEN:RESURRECCIÓN.

FAMILY MATTERS

Al final de Alien3 (David Fincher, 1992), una Ripley portadora de un (no podía ser de otra manera) xenomorfo de la modalidad Reina, decidía sacrificarse por el bien de la Humanidad e, ineludible daño colateral, dar por culo otra vez a la Weyland Yutani, Coyote pertinaz pero inevitablemente abocado al fracaso. Para Ripley, el Camino a la Gloria pasa por descender a los Infiernos (de manera bastante literal), y Fincher filma la secuencia de manera bella pero poco sutil, echando mano de una iconografía crística evidente hasta para el espectador más desnortado. Por si quedara alguna duda, cinco años después se estrena la siguiente secuela de la franquicia con un título para dummies, Alien: Resurrección. Los productores Walter Hill y David Giler deben de sospechar que levantar un nuevo episodio sin el concurso de Sigourney Weaver va a suponer una cagada monumental, así que no hay más cojones que traerla de vuelta. “¿Te has enterado de lo de la oveja Dolly, man?”. Oh, yeah, the bitch is back again. Las avanzadas técnicas de clonación del futuro lo clavan a la de ocho: a partir de una muestra de sangre, no solo obtienen una réplica idéntica (feto de alien incluido), sino que, gracias a la mezcla de ADN humano y alienígena, la Ripley resucitada es capaz de obrar milagros (por ejemplo, macharle las pelotas a Ron fucking Perlman; chúpate esa, nazareno).

" que no nos quepa duda de que estamos ante una película grunge, ahí tenemos a Winona Ryder, improbable miembro de la tripulación pirata "

     Joss Whedon, guionista, iconoclasta hasta donde alcanza/le dejan [1], y Jean-Pierre Jeunet, director francés que sospechamos más influenciado por el Metal Hurlant que por la nouvelle vague, orquestan una oligofrénica sinfonía que pisa sobre la delgada línea que separa lo ridículo de lo sublime con paso firme y eventuales sacadas de chorra. Whedon y Jeunet mantienen un equilibrio alegremente precario entre el respeto más o menos canónico a la saga y la desmitificación (forzosamente) moderada, a través de un trazado que conjuga un bienvenido aire de bande desinée, gotas de humor negro y de otro tipo de humor más incisivo, más subterráneo: Doscientos años después de la anterior entrega, la Weyland Yutani no es más que un chiste malo, y ahora el gobierno suplanta las funciones de la empresa privada pero comparte sus mismos objetivos (¿pero en qué cabeza cabe que un xenomorfo, de naturaleza indómita y altamente imprevisible, pueda ser manejado como arma biológica?). Estamos en los 90, la Era Reagan se ha devorado a sí misma y ya no hay marines que valgan (lo sentimos, Cameron), así que el Estado, al que nunca le ha interesado acabar definitivamente con la economía sumergida, echa mano de una banda de piratas espaciales (insólito toque pulp) para “reclutar” especímenes humanos donde plantar los huevos; adiós, triunfalismo, hola, Escuela Filosófica del Todo es una Mierda. Y para que no nos quepa duda de que estamos ante una película grunge, ahí tenemos a Winona Ryder, improbable miembro de la tripulación pirata, androide creada por androides (androide de segunda generación: ciudadana de tercera) que, como cualquier marginado, tiene la sana aspiración de dinamitar el sistema desde dentro. Guionista y director parecen tener la intención de llevar hasta sus más delirantes extremos el subtexto materno-filial que recorre la saga desde su segunda entrega: la ambigua relación Weaver/Ryder (ahora te quiero matar/ahora temo por tu seguridad), la no menos ambigua (los más puntillosos dirán que confusa) relación de Ripley con los xenomorfos, y, sobre todo, la extraordinaria aparición del alien con ADN humano del último tercio, escenifican esa ambivalencia, esa tensión amor/odio características de un entorno familiar cabal. Ambivalencia que no solo aporta textura al desarrollo narrativo de la película, sino que, quiero creer, les sirve a sus creadores para echarse unas risas a costa de James Cameron, más conservador en lo que a asuntos familiares se refiere.

Alien: Resurrección atesora momentos inolvidables (el hijoputesco método de fuga de los aliens de su celda, el descubrimiento de los clones fallidos de Ripley, la antedicha aparición del xenomorfo mitad humano) y adolece de cierta indefinición en las motivaciones de los personajes principales, que quizá pueda achacarse a su carácter artificial (en el caso de la Call interpretada por Ryder) o híbrido (en el caso de Ripley), pero que a veces llega a resultar incómoda; a pesar de conocer el origen mutado de la nueva Ripley, que ha resucitado después de doscientos años y que tiene la psique hecha un cisco, no puedo evitar sentirme descolocado por sus bruscos cambios de humor [2], que le hacen pasar de sentir afecto maternal hacia los xenomorfos a cargárselos sin contemplaciones, con momentos tan desarmantes como su explicación a por qué le ha volado la cabeza a uno de ellos: “Me estorbaba el paso”. ¿Un guiño malicioso a las machadas de Cameron?

A pesar de su final abierto (a la esperanza y a las secuelas), tengo la sensación de que cualquier vuelta de tuerca que pudiera alumbrar una continuación se me antojaría forzada y/o deslucida. No debo ser el único, porque, al parecer, para el abortado proyecto de Alien 5, el director Neill Blomkampf pretendía retomar la historia desde el final de Aliens. Nos guste o no, la sombra de Cameron es alargada (y quizá un pelín castradora).

¿Tenía usted puta idea de que…?

El proyecto de Alien: Resurrección le fue ofrecido a nuestro Álex de la Iglesia, que lo rechazó alegando que no le importaría trabajar en la industria americana, pero bajo sus propias condiciones. Su caso no es el único: Jaume Balagueró dijo no a Constantine y Alejandro Amenábar se negó a rodar un remake de su propia Abre los ojos… tentación esta a la que no pudo resistirse todo un Michael Haneke, que no dudó en rehacer Funny Games para los USA. Y es que, si de algo vamos sobrados en este país, es de orgullo…

[1] Un tipo armado de una perseverancia digna de admiración, añado: El mismo año del estreno de Alien3  firmó el guión de una película que se llevó palos a cascoporro, titulada Buffy, the vampire slayer. Cinco años después, coincidiendo con el estreno de Alien: Resurrección, arrancaba en televisión una serie que duró siete temporadas en antena, titulada… Buffy, the vampire slayer

 

[2] Yo no lo sé, pero a lo mejor eso de resucitar sienta como un tiro: Ra’s al Ghul sufría episodios de locura transitoria cada vez que emergía de una Fosa de Lázaro.