La Historia del Cine está plagada de grandes éxitos y rotundos fracasos, obras maestras y bodrios infumables, cintas de culto y películas fallidas. Pero en los sótanos del Séptimo Arte se cuenta otra historia, la de los proyectos que nunca vieron la luz, los que quedaron encallados en el infierno del desarrollo creativo; en definitiva, la Historia del Cine que nunca fue. CINEMA LIMBO les ofrece una visita guiada a esos sótanos, atestados de películas que forman parte de una filmoteca imaginaria.

Batman y Godzilla se citan en Tokio

The Brave and the Fire-Spitting Giant Lizard

Carlos Díaz Laguna

     El Comisario Gordon y su hija Barbara (que lleva una doble vida como la intrépida Batgirl) están disfrutando de un buen merecido descanso en un crucero por el Lejano Oriente cuando una ola gigante está a punto de hundir la embarcación. Todo parece indicar que el incidente ha sido causado por Klaus Finster, científico alemán emigrado a Japón después de pasar veinte años en Argentina. Finster, cuyo cuartel general se halla bajo el Monte Fuji, asegura haber creado un dispositivo para controlar el clima, y amenaza con destruir el país a menos que reciba veinte millones de dólares en oro. Batman y Robin entran en acción, y el Caballero Oscuro no tarda en sospechar que lo que realmente controla Finster no es el clima… ¡sino a Godzilla! A partir de ahí, todo lo que puedas imaginar: ¡Androides que disparan por los ojos! ¡Peleas contra actores de kabuki armados con espadas samurái! ¡Persecuciones a toda pastilla con motos que disparan pinchos y taxis que se llenan de gas venenoso! ¡Batman y Robin ataviados solamente con sus capas en un baño japonés! ¡Un batmóvil tuneado con tecnología nipona! ¡Godzilla enchochado con Batgirl! ¡Un simulador de la llamada de apareamiento de una Godzilla hembra (¿Ein?)! ¡PAM, KAPOW y toda la marimorena!

     Llamadme fundamentalista si queréis, pero a mí el Batman (1966-1968) protagonizado por Adam West siempre me ha dado un poco de grima, aunque tengo que reconocer que con el tiempo he llegado a tolerarlo un tantito así. Tan alejado de la concepción original de Bob Kane y Bill Finger a finales de los 30 como de sus posteriores reformulaciones (notablemente las de los guionistas Dennis O’Neill en los 70 y Frank Miller en los 80), el Batman de la Década del Amor popularizó la cara menos agraciada del personaje y propició que el cómic de superhéroes quedara enquistado ad eternum en el inconsciente colectivo como un carrusel de onomatopeyas floridas[i].  Podríamos hablar largo y tendido, o corto y sentado, si ustedes gustan, del infame Fredric Wertham, psiquiatra de profesión y capullo de vocación que en los años 50 montó un pollo de mil demonios con un libelo titulado The Seduction of the Innocent, donde formulaba una teoría según la cual la cultura de masas estaba corrompiendo las inmaculadas mentes de los tiernos infantes estadounidenses y bla, bla, bla, y total, que por su culpa los tebeos atrevidos y siniestros se volvieron conservadores y banales. Pero mejor no meternos en jardines; desplacemos el punto de mira hacia dos personalidades del show bussines de procedencia tan dispar como William Dozier, productor de la serie de televisión Batman y responsable directo del entrañable tufo camp que desprendía la misma, y Shinichi Sekizawa, guionista de un buen puñado de títulos protagonizado por el gran saurio radioactivo. Dozier y Sekizawa son los dos nombres asociados al origen del proyecto Batman vs. Godzilla; curiosamente, las fuentes consultadas se muestran incapaces de precisar cuál de los dos cineastas concibió la idea original o incluso si llegaron a entrar en contacto alguna vez. El tratamiento de guión que hemos resumido más arriba y que se conserva en la Universidad de Wyoming era propiedad de Dozier, aunque sin fechar y de autor desconocido[ii], e iba a servir de secuela a la versión cinematográfica de la serie (Batman: The Movie, Leslie H. Martinson, 1966). Sin embargo, otra web data el proyecto de Sekizawa en noviembre de 1965[iii], anterior al estreno de la serie y, por tanto, antes de que la popularidad del personaje alcanzara cotas estratosféricas. No falta quien afirma que los de Dozier y Sekizawa eran en realidad dos proyectos diferentes, lo cual no sería una idea descabellada. Aún así, hay algunos indicios que hacen sospechar que, quizá, podrían estar relacionados: La idea de un aparato de control del clima reaparece en El hijo de Godzilla (Jun Fukuda, 1967), escrita por Sekizawa, y en el tratamiento de Dozier, Batman revisa una grabación directamente extraída de King Kong contra Godzilla (Ishiro Honda, 1962), obra también del guionista japonés. Sin ninguno de los nombres implicados ya entre nosotros para aclararnos este embrollo (Sekizawa murió en 1992 y Dozier un año antes), Batman vs. Godzilla se alza como una de las quimeras más fascinantes del cine pop.

     En cuanto al porqué ningún Batman vs. Godzilla llegó a la gran pantalla, quizá pueda achacarse al desplome de audiencia que sufrió la serie y que forzó su cancelación al finalizar la tercera temporada, o quizá al cambio de rumbo que tomaron los cómics del personaje gracias a la labor de equipos creativos como los compuestos por Dennis O’Neill y Neal Adams y, un poco más adelante, por Steve Englehart y Marshall Rogers; grandes guionistas y dibujantes que supieron reflejar el alma de un país que había sustituido casi de la noche a la mañana la brillantez y la despreocupación de los años 60 por la oscuridad y la paranoia en los aciagos 70.

 

[i] Ya en pleno siglo XXI, el escocés Grant Morrison supo sintetizar de manera ejemplar el toque psicodélico con el enfoque adulto en su ya clásica etapa al frente del personaje.

[ii] http://grantland.com/hollywood-prospectus/the-batman-godzilla-movie-that-could-have-been/

[iii] http://www.tohokingdom.com/cutting_room/batman_vs_godzilla.htm

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