La Historia del Cine está plagada de grandes éxitos y rotundos fracasos, obras maestras y bodrios infumables, cintas de culto y películas fallidas. Pero en los sótanos del Séptimo Arte se cuenta otra historia, la de los proyectos que nunca vieron la luz, los que quedaron encallados en el infierno del desarrollo creativo; en definitiva, la Historia del Cine que nunca fue. CINEMA LIMBO les ofrece una visita guiada a esos sótanos, atestados de películas que forman parte de una filmoteca imaginaria.

La abortada aventura de Billy Wilder y los Hermanos Marx en las Naciones Unidas.

Carlos Díaz Laguna

Quizá lo único que impidió que A day at the United Nations (Un día en las Naciones Unidas) se convirtiera en la mejor comedia cinematográfica de todos los tiempos fue que nunca llegó a existir. En el invierno de1959, Wilder se encontraba rodando una obra maestra titulada El apartamento (The Apartment, 1960) cuando pasó delante del edificio de la ONU. La crisis diplomática que atravesaba el país con los gobiernos de Cuba y la Unión Soviética le pareció a Wilder un buen caldo de cultivo para poner en pie una sátira política sobre la Guerra Fría[i]. Wilder le preguntó a su habitual co-guionista I. A. L. “Izzy” Diamond qué le parecería escribir una película con los Hermanos Marx en las Naciones Unidas. En el vuelo de regreso a Los Angeles ya tenían el argumento.

En opinión de Wilder, el humor de los Marx funcionaba mejor cuando disponían de un escenario solemne en el que moverse, ya fuera de orden institucional (la política en Sopa de Ganso [Duck Soup, 1933, Leo McCarey], la comunidad educativa en Plumas de Caballo [Horse Feathers, 1932, Norman Z. McLeod]), o social (la ópera en Una Noche en la Ópera [A Night at the Opera, 1935, Sam Wood], el hipódromo en Un Día en las Carreras [A Day at the Races, 1937, Sam Wood]); la ONU ofrecía el marco perfecto donde desatar el caos marxiano. En el argumento de Wilder y Diamond, Groucho era el cabecilla de una banda formada por Chico (el matón) y Harpo (el experto en cajas fuertes incapaz de abrir una lata de sardinas) que planeaba dar un golpe en la joyería Tiffany’s mientras la policía se encontraba ocupada en otros menesteres: nada menos que una cumbre de la ONU. La banda, gracias al sistema de alcantarillado, se hace con cuatro maletas repletas de diamantes  y consigue llegar al puerto, donde planea zarpar con el botín hacia Brasil. Allí, los tres delincuentes se ven inmersos en un piquete anticomunista y son tomados por la policía por representantes de la nación de Latvia y escoltados hasta la embajada. Harpo terminaría haciendo un discurso ante los delegados de la ONU a base de bocinazos, que cada traductor interpretaría a su modo. Wilder pretendía hacer “una sátira sobre las relaciones diplómaticas, la política de la cuerda floja, los chistes salvajes sobre la bomba atómica, ese tipo de cosas[ii]”.

            El proyecto entusiasmó al mismísimo Groucho Marx (en la cresta de su popularidad gracias al programa de la NBC You Bet your Life) y a la Mirisch Company, que había producido un par de películas del director (El Apartamento y Con Faldas y a lo Loco [Some Like it Hot, 1959]) para la United Artists, pero los problemas de corazón de Chico y Harpo impidieron que la película saliera adelante; Wilder no veía ninguna manera de llevarla a cabo sin ellos. Chico moriría en 1961 víctima de su segundo ataque al corazón; Harpo lo seguiría en 1964 tras someterse a una intervención quirúrgica.

            Durante muchos años se dijo que Wilder y Diamond llegaron a redactar un tratamiento de guión de cuarenta páginas. Algunos especialistas en los Marx, como Allen Eyles, dieron por válida esta afirmación[iii], que el propio Billy Wilder llegó a desmentir en el libro Conversaciones con Billy Wilder[iv]: “Nunca llegamos a tener páginas escritas. Era solo una idea”. Durante la entrevista, el director no hace ninguna referencia al robo en Tiffany’s e incluye en el reparto a Zeppo Marx, que se había retirado de la actuación tras Sopa de Ganso: “Eran los cuatro representantes de una república (…) Zeppo era el protagonista. Zeppo como galán era increíble, completamente increíble”. Sea como fuere, lo cierto es que el supuesto tratamiento de cuarenta páginas jamás ha aparecido, así que sospechamos que nunca llegaremos a conocer toda la verdad acerca de esa quimera titulada A Night at the United Nations. A los amantes del cine de Billy Wilder y los Hermanos Marx solo nos queda fantasear de manera estéril con la película que pudo ser… y no fue

 

 

 

[1] Dicho sea de paso, la esperpéntica visita de Kruschev a Estados Unidos en septiembre de ese mismo año tiene matices típicamente wilderianos. No resulta difícil imaginar lo que el incisivo ingenio del hombre que escribió Ninotchka  (ídem, Ernst Lubitsch, 1939) y Uno, dos, tres (One, two, three, Billy Wilder, 1961) podría haber desarrollado con semejante material de partida. Encontrarán los detalles de aquel viaje en esta regocijante entrada: http://www.sentadofrentealmundo.com/2012/01/el-dia-que-nikita-kruschev-se-quedo-con.html.

[1] Declaraciones del director recogidas en Todas las películas de los Hermanos Marx, Allen Eyles. Edición española a cargo de Odín Ediciones, 1994. Traducción de Eduardo Iriarte y Josetxo Cerdán. P. 81.

[1] Ibídem.

[1] Cameron Crowe. Edición española a cargo de Alianza Editorial, 2000. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.  P. 218 de la colección El Libro de Bolsillo

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