FreakCORN

SIEMPRE ESTAREMOS JUNTOS EN SUEÑOS ELÉCTRICOS

by Carlos Díaz Laguna, el Cabrero Chico

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Supongo que a estas alturas del film estaréis habituados a que las webs/blogs/revistas de cine que me aparta mi quiosquero Paco aprovechen la coyuntura del estreno de no sé qué blockbuster o serie de culto para publicar uno o varios despieces o artículos de complemento del tipo “15 películas perfectas para fans de Stranger Things”, o bien celebrar una efeméride con un “¿Qué fue de los actores de Salvados por la campana?”, o “10 curiosidades que quizá de no sabías de Blade Runner”, o anticipar la llegada de Halloween para recomendar una maratoniana lista de películas de terror. “Sí”, afirmaréis vosotros, “eso en la web de Fotogramas lo hacen mucho”. Y en las webs extranjeras a las que copia Fotogramas, también, os digo yo. Y en las webs todavía más extranjeras a las que copian esas otras webs. Y, en fin, ya lo hacían (y hacen) las revistas que copiaban (y copian) a otras revistas. No es nada nuevo; esto es así desde Truffaut sabe cuándo. A mí no me preguntéis, no he venido a impartir una clase de Historia del Periodismo Cinematográfico. Más que nada porque la primera revista de cine que compré en mi vida ya tenía una sección de VHS porno. No, amigos, yo estoy aquí, sencillamente, para copiar una fórmula periodística ampliamente testada. “¿Hacer lo mismo que los demás? ¿Vosotros? ¡Pero si por algo destaca Filmtropia de entre todas las páginas de difusión cultural de la red es por su refrescante originalidad y su desinhibida heterogeneidad! ¡Y, añadimos gratuitamente, por el aristocrático porte de sus miembros!”, dirá alguno, o diré yo mismo haciéndome pasar por otro poniendo voz de pito. Gracias por tus amables y floridos calificativos, fiel y anónimo lector, pero no quiero que creas que te vamos a defraudar. Vamos a copiar, sí, pero vamos a hilar tan fino que te vamos a dejar cuajado. Como supongo que sabes, a no ser que te encuentres atrapado en el círculo vicioso de Stranger Things, Juego de Tronos y The Walking Dead, se ha estrenado hace nada una serie que lleva por título Philip K. Dick’s Electric Dreams. Así que de lo que yo he venido a hablar es de…

¿Otras adaptaciones de Philip K. Dick?!

Sí, hombre, sí; para Asesinos Cibernéticos 2 estoy yo ahora. No, os digo; de lo que yo quiero hablar hoy es de…

¡¡Una película que se llama igual que la serie y que, sin embargo, no tiene nada que ver!!

     Sí, bueno, en realidad, el título completo de la serie es Philip K. Dick’s Electric Dreams, y el de la película que nos ocupa Electric Dreams a secas. No es Steve Barron´ Electric Dreams, porque Barron solo había dirigido anteriormente videoclips, y después de esta hizo Tortugas Ninja, así que es comprensible que tampoco pusieran su nombre antes del título cuando se editó en vídeo o DVD, ni, ya puestos, un banner del tipo “Del director de Tortugas Ninja”. Es lo que tienen las Tortugas Ninja; sí, son populares, pero prestigio, lo que se dice prestigio, no aportan. Por otra parte, el genérico de Sueños Eléctricos tampoco se vio precedido por el nombre de su guionista, Rusty Lemorande. Ni el póster llevaba un banner del tipo “Del guionista no acreditado de Yentl[1]. Después de esta, Lemorande, o, como a buen seguro lo llaman los vecinos de su pueblo natal, el bueno de Rusty, escribió y produjo Capitán EO (1986), lo cual debió suponer para él todo un braguetazo. Un braguetazo poco prestigioso, digo yo, porque, ¿vosotros habéis visto en algún póster la frase “Del productor y guionista de Capitán EO”?

            Al turrón: Sueños Eléctricos (Electric Dreams, 1984), dirigida por Steve Barron y escrita por Rusty Lemorande, es un típico chico-conoce-a-chica-pero-un-ordenador-se-interpone-en-su-relación. No porque el chico esté todo el día enganchado al World of Tanks o al Xhamster y no dedique tiempo a su novia (que eso sí que sería ciencia ficción de la hard, sobre todo porque la chica está interpretada por Virginia Madsen), sino porque el ordenador cobra conciencia y, lo que es más importante, ¡¡sentimientos!! Efectivamente, el PC empieza a enchocharse con la chica y a sentir celos del chico, y, en consecuencia, lía la marimorena. “Ah, mira”, dirá alguno, “ese es un tema muy dickiano, el de las inteligencias artificiales llevadas al extremo, digo. Mira tú si no ‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’ o ‘La Segunda Variedad’, o… bueno, seguro que tiene alguna más donde trata el tema”. Hombre, pues gracias por el paralelismo, pero creo que si a Dick se le hubiera pasado por la cabeza otorgar pensamiento autónomo y sentimientos a una máquina gracias al sistema de derramar una copa de champán sobre el teclado, a lo mejor hoy veríamos un tanto injustificada su fama de Gran Maestro de la Ciencia Ficción.

            No os voy a engañar; esta tonterida de pinícula para mí es mítica, en cierto modo, porque entra en mi particular categoría de “Películas que ponían en el autobús cuando íbamos de excursión con el colegio”. No recuerdo si la pasaron durante una (de tantas) excursiones al Torcal de Antequera o durante el viaje de fin de curso a Asturias… quizá fue en este último, porque la vimos DOS veces. Pero también me resulta mítica porque Virginia Madsen tocaba el violonchelo (¿a que ahora SÍ queréis verla?), por su banda sonora, y porque me retrotrae a unos tiempos más inocentes: unos tiempos en los que Hollywood intentaba hacerte creer que si derramabas líquido sobre tu Amstrad no saltaban los plomillos ni tenías que llamar al técnico de bulla.

¿Tenía usted puta idea de que…? Si Sueños Eléctricos aún se recuerda hoy es, sin duda, por su temazo principal, de Philip Oakey y Georgio Moroder. Todavía me pone los vellos como escarpias. Asco de nostalgia ochentera…

 

[1] Aunque habría molado. También os digo que a mí me seduciría una cosa como, pongamos por caso, “Del productor ejecutivo que fue despedido durante la preproducción de Matrix”.

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