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Bendita heterodoxia: La conexión Amis-Bond

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Qué aburrido sería el mundo de las letras sin heterodoxos de la talla de Boris Vian, que igual confeccionaba obras de vanguardia como La espuma de los días.

by Carlos Díaz Laguna

Qué aburrido sería el mundo de las letras sin heterodoxos de la talla de Boris Vian, que igual confeccionaba obras de vanguardia como La espuma de los días (1946), que servía descarnadas e irresistibles novelitas de corte noir como Todos los muertos tienen la misma piel (1947), o como Fernando Savater, que lo mismo te habla de Nietzsche que de La noche de los muertos vivientes sin despeinarse; autores que, aunque acostumbrados a transitar los estratos de la alta intelectualidad, nunca le han hecho ascos a la llamada cultura popular, tan denostada por tantos de sus colegas. Kingsley Amis perteneció a esta no-tan-habitual-como-nos-gustaría raza de escritores.  Padre de algunas de las obras capitales de la literatura inglesa de la segunda mitad del siglo XX, como La suerte de Jim (1954) o Los viejos demonios  (1986), caracterizadas por un agudo sentido del humor y una incisiva mirada a la sociedad y al hombre de su tiempo, Amis también volcó su talento en el género de la ciencia ficción e incluso puso sus portentosas manos al servicio secreto de la mítica creación de su contemporáneo Ian Fleming, convirtiéndose en el más prestigioso miembro de la nutrida caterva de autores que se ha encargado de prolongar la vida literaria de James Bond hasta nuestros días.

 

Amis se acercó al personaje de 007 en tres ocasiones: En el ensayo críticoThe James Bond Dossier (1965), en el manual humorístico The Book of Bond, or Every Man His Own 007 (1965), y, bajo el seudónimo Robert Markham, en la novela Colonel Sun (1968), la primera aventura de Bond publicada sin la firma de Fleming. Colonel Sun, que narra la odisea de Bond en pos de liberar a M de las garras de un pérfido militar chino, gozó hasta de una adaptación en formato cómic y fue generalmente bien recibida por la crítica… pero no por la viuda de Fleming, Ann, que echaba pestes de la novela sin haberse dignado a leerla. Cosas de viudas, supongo

la primera aventura de Bond publicada sin la firma de Fleming. Colonel Sun, que narra la odisea de Bond en pos de liberar a M de las garras de un pérfido militar chino, gozó hasta de una adaptación en formato cómic

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