EL LIBRERO HARDBOILED

1280 Almas

de Jim Thompson

Lectura recomendada

por Bernie Ohls

“Bien, señor, el caso es que debería haberme encontrado a gusto, tan a gusto como un hombre puede encontrarse. Porque allí estaba yo, el jefe de policía de Potts County ganando al año casi dos mil dólares, sin mencionar los pellizcos que sacaba de paso. Por si fuera poco, tenía alojamiento gratis en el segundo piso del Palacio de Justicia, el sitio más bonito que un hombre pueda desear; hasta tenía cuarto de baño, de manera que no me veía en la necesidad de bañarme en un barreño ni de ir a un lugar público, como hacían casi todos los del pueblo. En lo que a mí me concernía, creo que podía afirmarse que aquello era el reino de los cielos. Para mí lo era, y parecía que podía seguir siéndolo —mientras fuera comisario de Potts County—, con tal de que me preocupara sólo de mis propios asuntos y sólo detuviera a alguien cuando no tuviese más remedio, y de que el detenido fuera un don nadie.

            Sin embargo, estaba preocupado. Tenía tantos problemas que la preocupación me ponía enfermo.”

Además de guionista en películas como “Senderos de Gloria” (“Paths of Glory”, Stanley Kubrick, 1957) o “Atraco Perfecto” (“The Killing”, Stanley Kubrick, 1956), Jim Thompson escribió veintinueve libros en sus cincuenta años como escritor profesional, algunos con adaptación cinematográfica entre las que destaca “La Huida” (“The Getaway”, 1972) de Sam Peckinpah. Fue un escritor radical para su época y los editores de “Fireworks” (una antología que reunía sus “obras perdidas”) dijeron de sus novelas que “leer una de ellas es como estar atrapado en un refugio antiaéreo en compañía de un maníaco que no para de hablar y que es el encargado de avisar cuándo termina el bombardeo.”

 

            Calificado como “un Dostoievsky en “Todo a Cien”” por el también escritor de novela negra James Sallis (“Drive”), resaltan en su obra los personajes sin escrúpulos y de mente retorcida. Es el caso de Lou Ford, protagonista en “El Asesino Dentro de Mí”, y también de Nick Corey, el sheriff de esta “1280 Almas” que nos ocupa, el aparentemente vago y pusilánime guardián de la ley que empieza a mostrar una naturaleza muy distinta cuando entrevé que puede no salir reelegido en las próximas elecciones y perder, así, las comodidades de su cargo.

 

            Una novela sarcástica, muy políticamente incorrecta y de lectura ligera. Quienes gusten de las ediciones ilustradas, Libros del Zorro Rojo tiene una edición de esta obra con ilustraciones de Jordi Bernet.

 

            Finalizamos con otra muestra:

"—¿De veras? -dijo Ken-. Parece que se me estropea la memoria. ¿Qué tamaño tiene Pottsville, de todas formas?

—Pues mira —respondí—, hay una señal de esas de carretera fuera del pueblo que dice 1280 ALMAS, así que supongo que tiene que tener esa cantidad. Mil doscientas ochenta almas.

—Mil doscientas ochenta almas, ¿eh? Hay que suponer que las almas están dentro de la gente, ¿no?

—Bueno, claro —dije—. Eso es lo que he querido decir. Es otra manera de decir mil doscientos ochenta habitantes.

Tomamos otro par de tragos, Buck sacudió el cigarro en un trasto y se cortó un pedazo para mascar; y Ken dijo que yo no era del todo exacto al decir que mil doscientas ochenta almas eran lo mismo que mil doscientos ochenta habitantes.

—¿Verdad que no, Buck? —preguntó Ken haciéndole un gesto de cabeza.

—Muy cierto —repuso Buck—. Tienes toda la razón, Ken.

—¡Pues claro! Dile a Nick por qué.

—Sí —dijo Buck volviéndose hacia mí—. Mira, Nick. Los mil doscientos ochenta comprenden también a los negros, porque los leguleyos yanquis nos obligan a contarlos; pero los negros no tienen alma. ¿Verdad que no, Ken?

—Muy cierto —contestó Ken.

—Bueno, tú, yo no sé de esas cosas —dije—. No me atrevería a deciros que no tenéis razón, pero, claro, tampoco creo que esté de acuerdo con vosotros. O sea, bueno, explicadme por qué se os ha ocurrido decir que los de color no tienen alma.

—Pues porque no la tienen.

—Pero, ¿por qué no la tienen? —insistí.

—Díselo, Buck. Haz que el viejo Nick alcance la verdad —dijo Ken.

—Sí, claro. Mira, Nick. Los negros no tienen alma porque no son personas.

—¿No? —dije.

—Toma, claro que no. Casi todo el mundo lo sabe."

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