LA CRUCIFIXIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO CONSIDERADA COMO UNA CARRERA DE BICICLETAS CUESTA ARRIBA

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Alejandro Castroguer /Colección Soyuz - Ediciones El Transbordador

por  Manuel Berlanga

Hay veces que cuando terminas de leer una obra, un relato, una novela, en ocasiones un cómic, cierras sus páginas y te queda una impresión sorprendente que serena y oprime el alma, satisfacción e inquietud a un tiempo, calma y reacción contrapuestas.  Sabes que te ha gustado, pero no cómo expresarlo, sólo que quieres -debes- comunicarlo, transmitir tus sensaciones a otros. 

Me ha pasado con el relato “La Crucifixión de nuestro Señor Jesucristo considerada como una carrera de bicicletas cuesta arriba”, de Alejandro Castroguer, nº 7 de la Colección Soyuz de Ediciones El Transbordador.  Porque guste o no guste lo escrito, impresione o no lo contado (es una de esas pocas obras cuyo cuerpo y final se conocen al inicio), nadie podrá quedar impasible, sin turbar, ante cómo se narra la historia. 

Más que a J.C.Ballard en quien se inspira, o Alfred Jarry, el precursor, Castroguer emula  aquí a Andrew Lloyd Webber y Tim Rice en “Jesucristo Superstar”, y Mel Gibson en “La Pasión de Cristo” (ambas obras citadas en la presentación del relato), por su visión premeditadamente anacrónica y fuera de tiempo, surrealista y metatextual, al tiempo que despiadada, violenta, descarnada y sin concesiones, sobre unos hechos que han marcado el subconsciente colectivo de una sociedad.  En este punto, habrá quien (si llega más allá del título, o sólo con quedarse en él) pueda imaginar en la obra blasfemia o irreverencia, desconsideración o mal gusto ante unas creencias.  No es así.  Puedo dar fe (bueno, salvo para aquellas mentes enfermas que en su día vieron escándalo en las películas antes nombradas; esas siempre encontrarán maldad en los pensamientos).  Escrita en parte sobre reflexiones bajo el capirote de nazareno en noches del Jueves Santo, los textos sobre el Cristo -el ciclista- y su martirio, destilan el mismo profundo respeto ecléctico que la propia Semana Santa malagueña.  Eso sí, otra cosa son las palabras que usa y cómo las une.

Porque Alejandro es un provocador.  Sus textos, metáforas vívidas, provocan reacciones en el lector.  Reacciones que él busca, genera y compone, para no dejar a nadie indiferente ante sus palabras, sus ideas, sus reflexiones, repletas de surrealismo para realzar sentimientos que surgen del inconsciente.  Y trabaja, moldea y da forma al lenguaje, lo retuerce y violenta hasta límites desconcertantes, hermosos, que despierta pulsiones extrañas en el lector; sus frases roturan campos baldíos en las mentes planas y plantan en ellas la semilla de la inquietud.  Y eso, en literatura, en la vida, es de agradecer.

Personalmente, más que las referencias citadas arriba, la lectura del relato me ha traído al recuerdo la figura de otro paisano, malagueño universal, Pablo Picasso y su visión de “La Crucifixión”, un pequeño óleo expresionista pintado en 1930, que el autor conservó en propiedad hasta el final de sus días.  Picasso, agnóstico declarado, realizó durante su vida numerosos estudios sobre la figura de Cristo.  En éste, el artista inicia un nuevo camino en su trayectoria, utiliza el expresionismo y el surrealismo para reflejar el horror primigenio de la condición humana, no sólo del Cristo crucificado, en ese grito expresivo cuasi anticipo al Guernica, sino en muchos mensajes subliminales que lo rodean en tonos chillones, rojos y amarillos, azules y verdes; como ese centurión que alancea al reo y no es sino un picador de la tauromaquia a caballo…  En palabras de Santiago López Sánchez[1], Picasso crea «una apología del dolor, del sufrimiento, el sacrificio y los más bajos instintos del hombre» hasta convertir La Crucifixión en «un símbolo de la tragedia humana». Eso mismo veo yo en el relato de Castroguer.

En estos tiempos de contrarreforma que nos ha tocado vivir, no es fácil encontrar escritos fuera del canon establecido, que envíen mensajes y hagan reflexionar.  Es de agradecer que una mente inquieta como la de Castroguer no esté dispuesto a dar tregua.  Y que El Transbordador, una editorial pequeña, independiente, malagueña, trascienda la literatura de género y tenga la valentía de publicarlos.

[1] El Sacrificio Banal: Interpretación de La Crucifixión.  Fundación Picasso Málaga, Casa Natal. Málaga, diciembre de 2014.

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