El Club de los Etéreos

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Aniel Dominic/AtchonBurike! Editorial / 2016

por  C Díaz

     En Zenith, Grant Morrison presentaba a una egoísta y desconsiderada estrella del rock provista de superpoderes pero sin ningún Tío Ben ni Pa’ Kent cerca para llevarlo por el camino correcto con buenos consejos o, en su defecto, a base de edificantes collejas. Zenith no está muy interesado en la consecución un Bien Mayor ni considera necesario llevar una vida de abnegado sacrificio. Solo actúa de manera heroica cuando es arrastrado por las circunstancias, y la mayoría de las veces hace el supercapullo. Los protagonistas de El Club de los Etéreos son “bendecidos” con dones aleatorios por obra y gracia de un ente conocido como Éter, y al igual que Zenith (o los jóvenes descarriados de la serie Misfits), carecen de la firmeza ética necesaria para dedicar su vida a hacer mejor las de los demás. La responsabilidad que conlleva un gran poder se las trae al pairo; lo único que pretenden es sobrellevar su existencia lo mejor que pueden y/o explotar sus dones en beneficio propio…  igualito, igualito, que el resto de sus congéneres sin

facultades sobrehumanas. Muy bien, puedes volar. ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Bajar gatos de los árboles?  Nah, seguro que prefieres cagarte en el coche de tu jefe desde bien alto.

     En esta hilarante colección de relatos de Aniel Dominic conoceremos a un variado muestrario de personas (y animales) del montón que comparten el estigma de poseer poderes extraordinarios: Réplica, un atracador de bancos con la facultad de clonarse a sí mismo y con el pequeño inconveniente de que cada clon que produce tiene menos luces que el  anterior; Broncas, un yorkshire terrier asesino a sueldo; Minervine, un ama de casa que se gana la vida exorcizando fantasmas a base de putearlos; Clarke, el hombre más gafe sobre la Tierra, y sus compañeros, una grupo de entrañables superinútiles conocido como El Club de los Inanes... Naturalmente, como en toda buena obra satírica, debajo del sano cachondeo de El Club de los Etéreos se descubre una incisiva mirada a los asuntos humanos: la necesidad de comprensión del que se siente diferente (Hajime), la defensa del derecho universal a que te dejen en paz de una puta vez (Ms. No), la inquietante pretensión de dominar el mundo que deja traslucir la mirada de algunos gatos de angora (Un hueso duro de roer)... De maneras delirantes y trasfondos sutiles, los relatos de El Club de los Etéreos conforman un divertidísimo elogio de la divergencia. Amazing!

¡ESTE TEBEO NO TIENE DIBUJITOS!

Tres obras imprescindibles de la prosa superheróica

Muy pronto seré invencible (Austin Grossman, 2007)

Probablemente, la novela de superhéroes más popular de los últimos años. Grossman arroja una mirada satírica y mundana sobre héroes y villanos, consiguiendo de paso los elogios de la crítica y hasta una adaptación musical.

It’s Superman! (Tom de Haven, 2005)

Un nuevo relato de los orígenes de Superman, que, a diferencia de las reformulaciones contemporáneas de autores como John Byrne o Mark Waid, se desarrolla en los años 30, la época en que Siegel y Shuster parieron al personaje. Su fascinante y certero retrato de los Estados Unidos de la Gran Depresión le valió comparaciones con Las Uvas de la Ira de John Steinbeck. Ahí es nada.

Superfolks (Robert Mayer, 1977)

La madre de todas las sátiras superheróicas literarias ejerció una notable influencia en la cínica industria del cómic americano de los 80. Grant Morrison ha señalado en alguna ocasión que lo que hizo Alan Moore en Watchmen o Miracleman era poco menos que un plagio del libro de Mayer. Morrison, arpía.

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