Entre Dioses y Monstruos (Historias de Cine y Vida)

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Joan Lluís Goas /Alrevés Editorial

por  C Díaz

1. INT.SALÓN.NOCHE

Domingo noche. Carlos está repanchingado en su sofá de ver la tele, a una distancia del aparato que cualquier oftalmólogo habría calificado de imprudente. A él le da igual, claro; el salvaje brillo de su mirada expectante denota que prefiere ver las películas de terror así de cerca. Atravesado en el sofá, apoyado sobre un reposabrazos y dejando colgar las piernas por encima del otro, sostiene el mando del vídeo en una mano. Tiene el pulgar posicionado sobre el botón REC. Se cerciora por quinta vez de que el vídeo está encendido. Esa misma mañana comprobó en el Tele Indiscreta que la película de esa noche dura menos de noventa minutos, lo cual quiere decir que tiene espacio suficiente en la cinta de VHS de tres horas justo después de la película que grabó el domingo anterior.

CARLOS

(al televisor)

¡Goas, ve abreviando, que mañana hay instituto!

     Conocí a Joan Lluís Goas, como tantos de mi generación, gracias al mítico programa Noche de Lobos de Antena 3 a principios de los 90, aquellos domingos por la noche que se alargaban un poco más de lo recomendado para un chaval que tenía Física y Química a primera hora del lunes. A mí me daba lo mismo; aprendí más de Goas que de Carmelo, mi profesor de Física y Química. La prueba está en que puedo pasarme media hora enfrascado en un soliloquio sobre La Máscara del Demonio, pero es probable que no pueda contar mucho acerca de la inercia o el permanganato de potasio, por no mentar que hace lustros que no pronuncio la palabra “kilojulio”. Noche de Lobos forma parte indisoluble de mi educación sentimental, al igual que el Alucine de TVE, el Fantastic Magazine o el Fangoria. Yo fui un aficionado al terror y al fantástico adolescente en los primeros años 90. No es mi intención magnificar este hecho, pero los de mi quinta me comprenderán perfectamente sin necesidad de caer en lugares comunes como el concepto “irrepetible edad dorada”. Que he dicho que no iba a caer, pero ya lo he hecho.

     Tardé un tiempo en saber que Joan Lluís Goas era por entonces el director del Festival de Sitges, y que lo fue durante diez años. En realidad, al principio no sabía de dónde había salido ese hombre, pero disfrutaba oyéndolo hablar tanto o más como he disfrutado la lectura de este Entre Dioses y Monstruos que ha publicado Alrevés hace muy poquito. Goas, a veces desde la admiración, a veces desde la perplejidad, en ocasiones con sorna y otras con cariño, despliega un personalísimo anecdotario que se desprende de su amplia vida profesional en el cine y en el teatro y de su consiguiente encuentro con la rica fauna del show bussiness, compuesta por especímenes de dispar pelaje: excéntricos, cercanos, deslumbrantes, odiosos… Ni dioses ni monstruos; todos humanos. El gran acierto de Goas consiste en acercarse a este variado muestrario de personalidades a través de una óptica exenta de pedantería o altivez, como el currante de la industria del espectáculo abocado por motivos laborales a tratar con seres a los que la imaginería popular ha adjudicado un carácter mítico, casi siempre de manera errónea. De la antipatía de Anthony Hopkins hasta la elegancia de David Lynch, de la exuberante personalidad de Paul Verhoeven hasta los descuidada higiene personal de Dario Argento, en cada capítulo Goas captura una instantánea irrepetible, un momento concreto, un recuerdo a vuelapluma de unos ídolos, si no con los pies de barro, a buen seguro tan llenos de callos como los tuyos y los míos.

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