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MÁS VALE ARTE QUE NUNCA

Reseña de Mujer en cinta de correr sobre fondo negro, de Alessandra García


La primera noticia de Mujer en cinta de correr sobre fondo negro la tuve de boca de la propia Alessandra García, su directora, guionista y única intérprete. Fue hace poco más de un año, un día que fui al Contenedor UMA para asistir al concierto de un grupo llamado Sunshine in Ohio. Ella se encontraba en la taquilla y me habló de la obra que entonces estaba próxima a estrenarse en la Sala Gades del Teatro Cánovas, y como me quedó la sensación de que se trataba de algo importante, de un punto de inflexión en su trayectoria como artista, me dije que si podía, iría. Sin embargo, no pudo ser porque cancelaron todos los espectáculos el día antes de su estreno en la que sería la previa al confinamiento, lo que ya es mala suerte.


Tuve que esperar diez meses hasta tener una nueva oportunidad, esta vez en el Teatro Echegaray dentro del marco del 38º Festival de Teatro de Málaga, en uno de los dos pases que también estuvieron a punto de cancelarse por medidas decretadas por la Junta de Andalucía. ¿Y qué puedo deciros de ella? Vaya por delante que uno ya no es que sea lego en la materia, es que no llega ni a tente, así que dudo poder hablar con propiedad. Con todo, haciendo caso de la sugerencia que Neil Gaiman hiciera a cierta amiga que le pidió consejo cuando tuvo que grabar un audiolibro sin tener ni idea, fingiré ser alguien capaz de hacerlo, a ver cómo me va.


Allá vamos.


En un escenario minimalista donde domina el naranja, Alessandra pone en marcha una cinta de correr desde la que nos habla del barrio, sus gentes, la familia… A lo largo de su exposición irá subiendo y bajando de ella para interactuar con otros elementos, y desarrollando el monólogo a partir de pares de ideas o conceptos como pueden ser la ropa de marca y la de mercadillo que cada uno compra, por ejemplo. Busca hacerte reflexionar y centra su atención en pequeñas cosas, pequeños detalles como el andar más recto o encorvado, o más lento o acelerado, de las mujeres mayores; un andar a través del cual se pueden atisbar las diferencias de clase porque «cuando caminas le cuentas tu dinero».


Durante la hora que dura la obra es toda energía, toda vida, la misma vida que la inspira a través de lo que ve. Un animal interpretativo que no deja de ser ella; que canta, baila, corre, trepa, grita y, lo más importante, te hace reír mientras te hace pensar. Y es que, «se parte la cabeza para hacerte pensar», pero no a costa de hacerte perder la sonrisa porque, también en palabras suyas en entrevista de Gen Málaga, «el humor (…) es la clave de mi lenguaje como artista.» Ella sabe bien que la cultura entra mejor si se presenta divertida, que así la acerca más al pueblo y que no por más entretenida es menos seria. Y también diría que el humor es clave en su lenguaje por cierta verdad secreta que solemos compartir aquellos que más nos esforzamos por hacer reír y que, como comprenderéis, me voy a reservar.


A mi modo de ver, Alessandra es una persona que ha sacado este espectáculo de esa propia vida que vive como un espectáculo. Se trata de alguien que un día se percató de que la vida no es más que una continua performance y descubrió así que todo se le hacía no fácil, pero sí más fácil; una performance con un escenario en el que cada uno decide quién entra o sale, quién es espectador o compañero de reparto, y de la que queda aquello por lo que serás recordado, que no es otra cosa que lo que hayas hecho sentir. Porque «la gente olvidará lo que dijiste, olvidará lo que hiciste, pero nunca olvidará cómo les hiciste sentir», que diría Maya Angelou. El «sólo recuerdo la emoción de las cosas, / y se me olvida todo lo demás», en versos de Antonio Machado. De ahí también ese buscar hacer reír.


Y pasado el tiempo, ¿qué sensación me ha quedado de Mujer en cinta de correr sobre fondo negro? La de un espectáculo divertido y muy disfrutado, de esos que uno volvería a ver para sacarle aún más jugo. Habríamos tenido nuevas oportunidades a lo largo del mes de marzo, pero debido a la tercera ola del COVID-19 se tomó como medida de prevención el cierre de la sala y, por tanto, la cancelación del espectáculo. En esta ocasión a dos días del primer pase, de nuevo en el Teatro Cánovas. Como si no fuera bastante lo que uno tiene que luchar para hacerse un hueco en el ámbito cultural… Pero qué se le va a hacer.


De cualquier forma, confío en que habrá nuevas oportunidades de disfrutar de la obra, ya sea porque a la tercera sea la vencida en la Sala Gades o porque la estrenen en alguno de los lugares a donde se han enviado esas postales promocionales que podías coger a la salida del teatro. Tengo la convicción de que Alessandra va a perseverar con este espectáculo de la misma forma que ha venido perseverando en la interpretación estos años previos, creando con sus propias performances en los más diversos espacios y luchando por cada centímetro de los mismos como siempre tiene que hacerlo lo diferente a lo establecido. Va a perseverar porque, parafraseándola, «ella es Cultura» y «ella lo puede y lo vale», y porque ahora que está encontrando su propia voz no se va a callar. También porque sabe que la vida es una continua performance cuyo espectáculo debe continuar, y lo que ella hace cuando esa vida se pone cuesta arriba no es más que aquello que el mismo Neil Gaiman también recomienda: hacer buen arte.


Pero fundamentalmente porque para Alessandra más vale arte que nunca.


Así que Mujer en cinta de correr sobre fondo negro volverá a los escenarios, y cuando eso pase yo no me lo perdía, particularmente si eres malagueño. Como tampoco me perdía a los Sunshine in Ohio si alguna vez vuelven, también os lo digo, porque son igualmente todo un espectáculo. Dicho queda.


Y mientras tanto, desde mañana martes 13 de abril hasta el 25 de abril, de nuevo en el Teatro Echegaray, podréis ver a Alessandra actuar en Las palabras de la carne, obra dirigida por José Andrés López y Virginia Rota en la que participa junto con Elena Esparcia, Carlos Gorbe y el propio José Andrés López. Dos entradas por el precio de una en los pases de martes, miércoles y jueves.


O quizá también cualquier día os la crucéis en un supermercado con La lista de la compra. Nunca se sabe.


Bernabé Naharro