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“Condujo. Condujo. Condujo. Las Pesadillas de Tony Jiménez”, el nuevo libro de Stephen King

“Últimamente he oído hablar mucho de este muchacho, Jiménez”, dice King acomodado en la poltrona de su despacho mientras acaricia a su mamba negra.

C.Diaz

     “Últimamente he oído hablar mucho de este muchacho, Jiménez”, dice King acomodado en la poltrona de su despacho mientras acaricia a su mamba negra. “Un amigacho mío me dijo que era muy bueno, que escribe como yo escribía antes. Mi amigo se excusó en seguida diciendo que no es que yo escriba mal ahora, sino que escribo diferente. Hice como si el comentario no me hubiera molestado, pero este año por Navidad el Christmas se lo va a enviar Rita”, asegura el de Maine afilando un machete.

 

“Total, que sabía de la existencia del joven Tony Jiménez y me hice con todos sus libros, pero, claro, yo en español solo sé decir Gracias, Hola, ¿Qué tal está, amigo?, Burrito y Pendejo[i], así que le pedí ayuda a mi asistenta mejicana. Le dije, ‘Oye, Conchita, este escritor es paisano tuyo, de Málaga. ¿Me harías el favor de traducirme sus libros?’. Y por doscientos pavos y el alta en la seguridad social ha hecho un trabajo estupendo”, asevera King lanzándonos cerillas encendidas al cabello.

 

“Empecé con el libro de relatos Acts of Vengeance, que, según Conchita, en español se dice muy parecido: Actos de vengancita; después pasé a las novelas: Five Tombstoneless Graves, que en España se ha editado como Cinco tumbitas sin lápida, Dracula vs The Werewolf: Battle for Chicago, que no me acuerdo ahora cómo se dice en español, The Blood-stained Storm, que es Tormentita Sangrienta o bien Tormenta Sangrientita, y por último The Hidden One, cuyo título original es El Escondidito. ¿Lo he dicho bien? No me gustaría quedar como un panoli delante de mis lectores de habla hispana”.

 

Le respondemos a King que lo ha clavado y a continuación le preguntamos por sus impresiones. “Hombre, muy bien todo, sí”, nos dice mientras se afeita en seco con una navaja oxidada. “Te voy a decir, en un primer momento me daba un poco de reparo porque, bueno, este chaval es latino pero desarrolla sus historias aquí, en Estados Unidos, y confieso que al principio estaba deseando pillarle en un renuncio, como que un personaje llamado Stanley o Wilcox le espetara a otro ‘Pinche güevón’ o algo así, pero no, no… Se ve que Jiménez ha tenido que vivir un tiempo entre nosotros, trabajando en un Starbucks o algo peor, porque se nota que conoce el país y sus gentes”, comenta el de Maine mientras se apaga un Marlboro en la palma de la mano.

 

“Y, bueno, que me ha gustado mucho su material y, como sabéis que me complace ayudar a los autores jóvenes y apoyar fundaciones de escritores y mierdas de esas, he decidido escribir un ensayo sobre su obra, que he empezado esta misma mañana. Mañana a primera hora estará en imprenta”, concluye el Rey del Terror soltándonos a los lobos.

 

[i] Nota del editor: En español mierdoso en el original.

Alan Moore prepara otro tocho que te cagas

“Es mi proyecto más ambicioso hasta la fecha”, asegura Moore en su aislada cabaña situada en lo alto de un monte. “

C.Diaz

     “Es mi proyecto más ambicioso hasta la fecha”, asegura Moore en su aislada cabaña situada en lo alto de un monte. “¿Habéis desayunado? Os puedo cocinar una mofeta”. El barbas de Northampton está a punto de publicar Jerusalem, un mamotreto de seiscientas mil palabras. “Una mariconada”, confiesa Moore. “La que estoy preparando ahora tendrá un millón de palabras”, continua. “Algunas de ellas con muchas sílabas”.

 

Le solicitamos que nos ponga un ejemplo. “Dodecafónico”, dice con una sonrisa de satisfacción. Le señalamos que hay palabras más largas. “Decidme una, listos, que sois unos listos”. Sugerimos ‘Pirindolalabalabamchimpún’. “Ah, no, eso sí que no. ¡Inventadas no valen, cabrones! Esperad, que me la apunto por si la incluyo”, dice mojando una pluma de oca en un tintero lleno de sangre de cabra. “Como os decía, y si os estaba diciendo otra cosa os lo digo ahora, mi pretensión es escribir esta nueva novela y después retirarme a hacer cosas de gente normal”. Como cuáles, inquirimos. “No sé. Orinarme encima mientras yazco en el suelo boca abajo. Contemplar una pared desnuda con los ojos inyectados en sangre mientras me balanceo en mi renqueante butaca hasta la exasperación. Ese tipo de cosas. La vida es corta y tengo mucho pelo que afeitar”.

 

Se nos ocurre preguntarle si no se le ha pasado por la cabeza dividir su nueva obra en varios volúmenes. “¿Estáis tontos o qué? No, no… No solo no se me ha pasado por la cabeza, sino que ningún editor tendría los cojones de pedir semejante despropósito al Puto Alan Moore”, afirma. “Me gusta referirme a mí mismo así, como ‘El Puto Alan Moore’. ¿Os gusta?”. Huy, una barbaridad. “Además, todo forma parte de un plan muy estudiado, ¿entendéis?”. Ni papa.

 

“Mira, no sé cuánto ocupará el volumen en número de páginas, pero fijo que pesará un montón. Leerlo será como, no sé, como sostener a pulso una mesita de café mucho rato. Pero está todo pensado; quiero que el lector sufra conel libro, incluso a nivel físico. No solo eso; pienso obligar a mi editor, al impresor y a la madre que los parió a todos, y lo voy a hacer porque nadie le dice que no al Puto Alan Moore, a preparar el libro de manera que se desencuadernen las páginas por poco que lo abras. Al dolor, el cansancio y la frustración se unirá al carácter tortuoso del contenido. El protagonista de la historia es el mismísimo Dios, que decide hacer su primera aparición ante los hombres. El problema es que Dios tiene la forma de un cipote con orejas, y todos en la Tierra lo toman a pitorreo. Decepcionado, se autoexilia en Marte y mantiene un soliloquio sobre la soledad, la ingratitud, las consecuencias de tus propios actos y toda la marimorena, que abarcará unas cuatrocientas páginas, así a ojo de buen cubero”.

 

Coño, como el Dr. Manhattan en Watchmen, apostillamos. “Iros a tomar por culo”, nos espeta Moore. “Por si esto fuera poco”, prosigue, “el capítulo final, donde todas las líneas narrativas confluyen y el gran misterio que recorre el libro es desvelado, está escrito en kazukuru, una lengua muerta que se hablaba en las Islas Salomón en el año de la chipirindanga, y os la vais a ver muy putas para traducirlo. Quien lo consiga podrá acceder a un código que, al introducirlo en la página web de la editorial, le da derecho a recibir a domicilio una patada en los huevos propinada por un enano al que seleccionaré personalmente”, dice el Puto Alan Moore.

 

“Ya se me irán ocurriendo más cabronadas, pero vamos, os puedo adelantar que se tratará sin duda alguna de la Experiencia de Lectura Definitiva”.

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