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David Martín Roca

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LA BALADA DEL XENOMORFO Aliens vs. Predator en el cómic

Aquellos que como yo, pertenezcan a esa generación ochentera, esa suerte de extras de Stranger Things que han crecido escuchando Queen y Duran Duran, conocen perfectamente esta gran verdad: todas las películas de superhéroes hechas en los últimos quince años se basan en los cómics más emblemáticos del personaje.

         Bueno, se basan. Quizás exagero. Digamos que toman elementos de los mismos, los retuercen, apuñalan, les pasan una segadora de césped por encima y les echan acido. Pero el caso es que sin ese cómic original, sin esa esencia, sería imposible para un director comprender de qué va el personaje. Y eso también vale para este cómic, Aliens vs. Predator, autentica fuente de ideas para la película posterior.

         ¡Pero como! Diréis. Ya estaba bastante claro lo que es un Alien y lo que es un Predator. Pues sí, pero no su relación. Esta pasó de ser insinuada en la película Predator 2 (la famosa escena del cráneo de Alien en la nave del Predator) a completamente desarrollada en el cómic del cual estamos hablando, y de ahí pasó al cine. Naturalmente, tras pasarle una segadora de césped por encima.

          Aliens Vs Predator, la miniserie de 5 números, publicada por Dark Horse en 1992, sentaba la siguiente premisa: el ser más letal de la galaxia es también la presa más codiciada. Pero dado que los Aliens no poseen modo alguno de viajar por la galaxia (excepto en las tripas de algún capitán inepto), había que echarles una mano. En el primer número asistimos a una interesante conversación filosófica entre el piloto de una nave y su copiloto. La supervivencia del más apto. Sin embargo los pilotos son ajenos a lo literal que esa lucha va a ser en el planeta de su destino: Riushi.

         Randy Stradley, guionista y co-fundador de Dark Horse cómics había arrancado los derechos de la franquicia del duro pellejo de la Century Fox. Astuto como un zorro, no quiso introducir demasiados elementos nuevos. Planeta con colonos más o menos indefensos, personaje femenino badass, Machiko Shimura, una especie de Ripley japonesa adicta a los sombreros estrambóticos, y ya está. El guion estaba lleno de los  clichés habituales del género: Ricachón sin escrúpulos que permite que su ganado infectado por los Aliens sea llevado al transbordador sin pasar controles sanitarios, doctor curioso que mete las narices en donde no debe, etc. Además, los predators se pasan por el forro su habitual código de honor, masacrando mujeres, niños y perros, cosa que como todos sabemos, da muy pocos puntos.

         La gloria de Aliens vs. Predator no viene de la simple pero efectiva trama. Ni de la idea de que los predators dispersen huevos de Alien en los planetas para luego poder cazarlos. La gloria reside en llevar al personaje femenino mas allá de lo que han ido Ripley, el Mayor Dutch (Swarzenegger) o Michael Haritigan (Danny Glover), convirtiendo a Machico Shimura en una aprendiz de Predator, marcada con el signo de la cazadora de Aliens en la frente, y dispuesta a unirse sin reservas a aquellos que eran sus enemigos, lo predators, con tal de machacar unos pocos de xenomorfos.

" También cambiaron el escenario de un planeta desértico en el futuro a la Antártida, basándose..."

Ridley te quiero. Ridley, te odio

 

         Todos esos elementos quedaron de algún modo reflejados en la película de Aliens vs. Predator. Sin embargo la Fox optó por cambiar a nuestra heroína japonesa por una afroamericana que ya no es tan badass, aunque su relación con el Predator “bueno” permanece. También cambiaron el escenario de un planeta desértico en el futuro a la Antártida, basándose en el relato de Lovecraft “Las montañas de la locura”.

Mala idea.

         Las bases estaban allí: los predators (O si queréis el nombre friki, los Yautja), han visitado la tierra en muchas eras distintas. Bien. Como se suponen que llenan de huevos Alien los sitios donde van a cazar, deberían haber hecho lo mismo con la tierra en eras remotas, pero eso tenía el inconveniente de que de ser así, la humanidad hubiese desaparecido tras tener unos problemillas digestivos con los atrapacaras Aliens.

Para solventar ese problema argumental, se echó mano del canal historia, de Erich von Däniken y de los aztecas. Los Aliens estaban encerrados en pirámides, y los predators entraban a matarlos. Si fallaban, hacían BUM, siendo imposible para los Aliens expandirse por la tierra. Los antiguos Aztecas hubiesen ofrecido sacrificios para ser infectados por los Aliens a cambio de que los Predators les enseñasen a jugar a la comba.

         Claro, todo esto significaba que cuando la teniente Ripley se encontró en un planeta desconocido a miles de años luz de la tierra a un Xenomorfo, en realidad estos estaban aquí al lado, bajo una pirámide. Con Prometheus, las dos películas de Alien vs. Predator quedaron fuera del canon de Ridley Scott. Pero claro, podríamos decir también que hace tiempo que Ridley Scott quedó fuera del canon de Ridley Scott.

         Curiosamente, si la película de Aliens vs Predator hubiese seguido las directrices del cómic, no hubiese quedado fuera de la saga al iniciarse Prometheus y su infecta continuación, Alien: Covenant, ya que ambos argumentos no son contradictorios.