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Manuel Berlanga

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" Vista a través de los años, la película no sólo mantiene su recuerdo agradable, sino lo agranda "

" Pocas actrices resisten tan bien los primeros planos, al tiempo que transmite fuerza en las escenas de acción"

Creo que es una de esas películas que no he vuelto a ver desde su estreno en salas comerciales. Desde entonces ha pasado mucho tiempo, más de treinta años, casi media vida… demasiado. 

            Cuando Berni me propuso realizar su crónica me asaltaron dos sentimientos contrarios: ilusión y desconcierto. Volver la vista al pasado genera, a veces, recelo, duda, cierto miedo… Los recuerdos −entes caprichosos y etéreos que anidan el interior de tu mente− poseen percepciones cambiantes; el paso del tiempo, a su vez, te cambia a ti mismo, sin definir los criterios o matices que utiliza en su transcurso… Y ya no sabes si eres tú el que cambia, o lo hacen los recuerdos. En principio, dudé (aunque había aceptado, sin saberlo).

            Revisitar la colonia (“El Nido” que tan bien remedó Claremont en X-Men)[1] tiene sus riesgos. Más si buscas un recuerdo que mantienes agradable en tu memoria (no tanto como el primero de la saga, “Alien, el octavo pasajero”, muy alto; pero siempre por encima de secuelas posteriores, cada vez menos estimulante -y causa posible de una pérdida de interés por mi parte-). 

            Rememorar los recuerdos de antaño me demostró cuántas neuronas he dejado en el camino estos años: apenas sí mantenía imágenes válidas de la cinta de Cameron, sólo momentos concretos y una noción general de la historia: el regreso de Ripley al cubil del xenomorfo (hay que tener cojones, ya te digo), esta vez acompañada de un comando de marines espaciales a lo “Starship Troopers”[2]; un exoesqueleto amarillo, embrión de combates gloriosos posteriores (he pensado en “Pacific Rim” y “Avatar”); muchos bichos quitinosos, de esos que parió Giger (o inspirados en el suyo); uno muy grande, la reina, más fea y mala que Picio; y tiros, muuuchos tiros…toda una orgía procaz y caliente de casquillos humeantes, vomitados sin cesar por armas enormes que lograban reventar quitinas… (pensé que no había escenas con más disparos que en éstas -quizás, alguna de mafiosos-. Ya he dicho que los recuerdos y percepciones cambian con el tiempo: después, no fue para tanto, en “Starship Troopers” hay más…). Así las cosas, la propuesta me pareció todo un reto; y las inefables preguntas me asaltaron al momento descontroladas: ¿me gustaría igual que entonces…? ¿será lo mismo…? ¿resistirá bien el paso del tiempo?  Era momento de averiguarlo.

            Y ¡vaya si me gustó!

            Vista a través de los años, la película no sólo mantiene su recuerdo agradable, sino lo agranda. Conserva su encanto; no desentona, no chirría ni parece desfasada como otras de la época (pienso, en concreto, en “Dune”, de David Lynch (1984), cuyo ritmo y concepción la hicieron envejecer prematuramente [3]). Sólo dos cosas denuncian su origen en décadas pasadas: los ordenadores, cuya evolución temporal resulta siempre imparable, y el doblaje, las voces características de entonces, marcadas en mi memoria. Más allá, nada en su confección o guion me han incomodado; al contrario, me continúa pareciendo una gran obra de construcción impecable, merecedora sin duda de los premios y menciones que obtuvo entonces [4].

            Y la mayor parte es mérito de James Cameron, por entonces un director incipiente, recién abandonada la profesión de camionero, casi un desconocido (“Terminator” apenas se había estrenado), que supo venderse y vender sus propuestas novedosas a la gran industria cinematográfica, e imponer su método de trabajo a los relajados de Estudios Pinewood de Londres para terminar a tiempo, y bajo su criterio, una película de confección excelente. Lector ávido de ciencia ficción en su juventud (Arthur C.Clarke, A.E. van Vogt, Harlan Ellison, Larry Niven…), en sólo dos meses terminó los guiones de tres películas importantes, “Terminator” (1984), “Rambo: acorralado II” (1985) y “Aliens” (1986), en los que vuelca su pasión de juventud y deja ya la impronta de conceptos que repite en cada una de sus obras: el estigma de Vietnam, la supuesta supremacía sobre el enemigo, o el medio, que el hombre obtiene por las máquinas y su dependencia de la tecnología, que termina siendo la causa final de su derrota. Con ello, y la historia previa creada por su admirado Ridley Scott, construye un apasionante argumento de acción con final de suspense bien conducido, que poco tiene que envidiar a su predecesora, aparte del interés que despierta la novedad de un concepto. 

            “Aliens: el regreso” no es un remake, una nueva versión de “Alien, el octavo pasajero”, sino su continuación; con diseño y personalidad propios.  La primera −en mi opinión− es más una genial película de terror (dentro de un escenario de ciencia ficción) que −en palabras del propio Cameron− sigue el patrón de los “Diez Negritos”, de Agatha Christie, donde, al final, tras una lucha agónica por la supervivencia, sólo ha de quedar uno. Para la segunda, el director construye su historia bajo los parámetros antes descritos, un guion solvente y un desarrollo logrado de los personajes. Esa, para mí, es la clave de su éxito.  Analicemos los medios que utiliza para conseguirlo:

 

            • Una gran dirección de actores, para un conjunto de personajes creíbles en su interpretación.

            • No hay que hablar del carisma ingente de Sigourney Weaver (Ellen Ripley), grande en todos los sentidos aún en sus inicios; quedó demostrado y sin duda en la cinta anterior. Pocas actrices resisten tan bien los primeros planos, al tiempo que transmite fuerza en las escenas de acción. Su rostro posee algo que encandila al espectador, determinación sin límite, firmeza y bondad a un tiempo; es la líder natural, que se hace con el mando. Pero esta vez no sólo ella conecta a través de la cámara.

            • Carrie Henn (Newt), una niña encantadora, astuta en la necesidad, que transmite su miedo en imágenes. Circunspecta, seria en todo momento (¿cómo puede sonreír una cría que ha visto morir a manos de monstruos a toda su familia, todos sus vecinos, y está convencida de que sus salvadores también van van a morir?), sólo se permite una sonrisa al final, cuando todo ha terminado, tras la broma de Ripley. ¡Qué posible pedazo de actriz se perdió cuando decidió no continuar en la interpretación (hoy es maestra)!

            • Jenette Goldstein (Vasquez). Otra mujer, en su papel de marine veterano, disciplinado y tan duro o firme como un hombre -más si cabe- sin perder su feminidad. Se adueña de la cámara en la exploración del recinto, mientras porta su arma enorme.

            • En general, todo el comando: Bill Paxton (veterano y fanfarrón, engreído que se derrumba), Michael Biehn (el Kyle Reese de “Terminator”, reciclado, que tan bien conecta con Ripley), Al Matthews (el sargento mandón), sin olvidar a Willian Hope (comandante de academia, sin veteranía y superado por los acontecimientos, pero que termina cumpliendo como el que más); todos ellos clichés y estereotipos harto conocidos, pero que resultan naturales y humanos, y ejecutan a la perfección el papel que les encomienda Cameron, director y escritor del libreto, y consiguen transmitir ese mensaje de engreimiento y supremacía por las armas, convencidos de su victoria absoluta y finalmente derrotados por los “bichos”, debido a su dependencia; como en Vietnam.

            • Por no hablar de otros dos personajes imprescindibles en la construcción de la historia: Bishop, el sintético (Lance Henriksen), cuyo rostro duro y cortado da juego al director para sugerir recelo y sospecha, en base a unos hechos previos y conocidos. Y Burke (Paul Reiser), representante de la Corporación Weyland-Yutani, un tipo sincero y algo pelota, cercano a Ripley en su desorientación inicial, que deviene en el malo natural de la película. Con ello, Cameron sienta las bases de la mitología posterior de la serie, las motivaciones últimas de la Corporación. Si en “Alien” se sugería de forma sutil, a través de un sintético programado para preservar el descubrimiento de nuevas especies, aquí se desvelan claras motivaciones económicas y armamentísticas, y que son los propios humanos quienes no dudan en utilizar las vidas de otros para conseguir sus fines.

            • Frente al terror, el miedo intenso al ente exógeno y desconocido pero letal, recurre al horror que provoca su conocimiento y previsible secuencia de lo que va a suceder, como hacía Alfred Hitchcock, manejando in crescendo las pautas del recelo colectivo del público, hasta su desenlace y catarsis final.

            • Sensibilidad y humanismo, frente a la tensión y el pánico. No hay duda de que Cameron sabe utilizar sus recursos para acceder al espectador. Su guion me resulta bastante más elaborado que el de su predecesor, que fue genial, sin duda, para atrapar la tensión contenida y frenética que obtuvo en su día. Pudo haber repetido el esquema sin más, pero no. Va más allá, e introduce nuevos parámetros y una válvula de escape a la tensión generada, esa adrenalina prevista acumulada en el espectador, que la busca (no lo neguemos, nos gusta pasar miedo, del bueno, del que se acumula dentro, más cada vez; pero agradecemos poder descargarlo a la primera que se nos permita). De inicio, introduce más elementos de Ciencia Ficción que sólo el entorno: ese viaje en el tiempo, que facilita la paradoja (Ellen Ripley descubre que su hija, que dejó con 9 años, ha muerto dos años atrás, a la edad de 66); el Space Opera de los marines espaciales; el poder real de un mundo/universo dominado por las Corporaciones; y alguno más. Por otro lado, introduce sensibilidad (sensiblería, si quieres) y comienza a jugar con los sentimientos de los personajes (del espectador, en realidad): la hija perdida por Ripley y su dolor como madre; la familia perdida por Newt; la promesa-esperanza de una nueva familia con Hicks. Del esquema primario de “Diez Negritos” a uno, solitario, pasa -sin descartarlo- al de la unidad familiar con tres (cuatro en realidad) supervivientes del horror; sin que resulte forzado o antinatural, aunque sí buscado (algo que se cargaron de inicio y sin respeto en la secuela posterior).

 

            Hay anécdotas que he encontrado en la revisión de la obra (de expertos y mucho más entendidos que yo [5]) que considero apropiado citar, marcas registradas del director en todas sus películas, que ya están presentes en “Aliens: el regreso”:  protagonismo de mujeres con fuerte personalidad; la reutilización de actores (aquí Michael Biehn); secuencias de escenas filmadas a través de un monitor (el ojo del Terminator; las cámaras del casco de los marines aquí); niños en situación de peligro (¡Newt!); acción que se inicia o desarrolla mientras los personajes duermen (Ripley y Newt en el laboratorio cuando llegan los “atrapacaras”); escenas de peligro en un ascensor (Ripley, varias veces, contra la reina); el uso de máquinas como armas, o parte de la trama; y la ya citada arrogancia del ser humano y su dependencia funesta de la tecnología. 

            No quiero terminar sin citar un guiño que −creo− hace Cameron al espectador y a uno de sus fetiches, Stanley Kubrick, en ese niño que se pasea en triciclo por la colonia antes de ser masacrada (toma posterior incluida) y que preludia hechos nefastos, como en “El Resplandor”.

            Sí, he disfrutado −y mucho− en esta revisita a la colonia, el nido de los xenomorfos, con Ripley, en un “Aliens: el retorno” que he redescubierto encantado.

Tanto, que voy a continuar con la Saga al completo.  ¡Gracias, Berni, por la experiencia!

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REVISITAR LA COLONIA. ALIENS: EL REGRESO

[1] Chris Claremont, en Uncany X-Men #143-147 y, la llamada Saga del Nido, en UXM #162-167

 

[2] Novela de Robert A. Heinlein (1959), llevada al cine por Paul Verhoeven en 1977.  Luego he sabido que Cameron obligó a todos los actores a leerla antes del rodaje, para crear en ellos el ambiente de camaradería y captar las vivencias de un marine espacial al estilo Heinlein.  Todo un acierto.

 

[3] Me baso exclusivamente en un criterio personal, y la propia experiencia. Me encantó en su día, en su estreno en salas.  Años más tarde, cuando mi hijo comenzó a disfrutar de películas de ciencia-ficción, principalmente la saga Stars Wars, se la puse en vídeo, convencido de que lo introducía en una gran experiencia.  Le aburrió sobremanera.  Pero no sólo a él; también a mí me causó desazón su revisionado, desfasada por la técnica y el tiempo.  Me sigue pareciendo una obra de culto, quizás más por el recuerdo de la gran novela de Herbert en la que se basa.  Confío en que Denis Villeneuve sea capaz de ofrecer una visión más actualizada y acorde a los tiempos que corren.  La obra lo merece.

 

[4] 7 nominaciones a Premios de la Academia (Mejor Actriz, Música, Sonido, Montaje de Cine y Dirección de Arte/Decoración), con 2 Óscar obtenidos (Edición de sonido y Efectos visuales). La nominación de Sigourney Weaver al Premio de la Academia a la Mejor Actriz, se consideró histórica, debido a que, antes, el fantástico no se reconocía.

4 nominaciones a los Premios BAFTA.  Ganó en la categoría de Efectos Visuales.

11 nominaciones a los Premios Saturn (Academy of SF, Fantasy & Horror).  Ganó 8: Mejor película de CF, Director (James Cameron), Actriz (Sigourney Weaver), Actor de reparto (Bill Paxton), Actriz de reparto (Jenette Goldstein), Actor Joven (Carrie Henn), Escritor (James Cameron) y Efectos especiales.

 

[5] IMDB (http://www.imdb.com/name/nm0000116/bio?ref_=nm_ov_bio_sm), que recomiendo a todo interesado, pues encontrará numerosas citas ampliadas y jugosas