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Tony Jiménez

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DEFENDIENDO PROMETHEUS Y ALIEN:COVENANT 

(Comprendiendo a Ridley Scot)

"Si nos vamos al terror puro y duro, sería algo así como la actual "Annabelle", que sirve de precuela a "Expediente Warren: The Conjuring"

"Si nosotros somos capaces de crear vida, ¿quién nos creó a nosotros? Muchas, muchas preguntas plantea Scott"

"...ese comienzo con David y Weyland charlando sobre el origen y la creación, el centro de toda esta "nueva" historia río en la mitología de "Alien"

Cuando uno tiene la labor de defender un par de películas con las que se frunce el ceño al conocer la misión de defenderlas, es que lo tiene difícil. Y lo tengo, sí, y lo tengo. Defender "Prometheus" y "Alien: Covenant" no es sencillo, y no lo es porque yo mismo soy consciente, de manera objetiva, de los fallos y defectos que reúnen ambas, eso sí, muchos, muchos, muchos menos, en cantidad y calidad, que los que intentan vendernos los que las detestan y odian a partes iguales. No voy a caer en el manido recurso de que ya "Alien" y "Aliens" poseían muchos de los desaciertos que atesoran las nuevas dos películas de Ridley Scott (Blade Runner, Gladiator) sobre la franquicia de nuestro xenomorfo favorito. Sin embargo, sí voy a añadir que la nostalgia hace estragos con sagas cuyas continuaciones aparecen muchos años más tarde, y a "Prometheus" y a "Alien: Covenant" les ha tocado pagar el pato al respecto, y no digamos ya con una lacra que (y ahora viene cuando sacáis las antorchas y me apedreáis antes de quemarme) inunda el séptimo arte desde hace décadas: hay gente que no sabe ir al cine.

            Pero me estoy adelantando, y he ido directo a defender dos filmes que aprecio bastante, cada uno por unas razones diferentes, tan distintas como lo son los dos títulos. ¿De dónde nacen "Prometheus" y "Alien: Covenant"? Es evidente, al menos en este caso, que de dos progenitores muy bien señalados. El primero de ellos, las ganas por parte de la productora de continuar explotando la saga "Alien", cuya última entrega, "Alien vs Predator 2", fue estrenada en 2007, pasando sin pena ni gloria, a pesar de la buena frikada que era, por las pantallas de cine. El segundo fue el interés de Scott, padre absoluto de la saga (no en vano, fue el director de esa obra maestra del terror y la ciencia-ficción que es "Alien") en ponerse de nuevo a los mandos de cualquier nave que tuviera intención de buscar extraños huevos por toda la galaxia. Eso sí, los deseos del realizador no iban, en realidad, por el sendero del xenomorfo, o dicho de otra forma, Scott tenía poca intención de meter al alien en la ecuación, pero sí tratar muchos conceptos tocados de refilón en la primera entrega de la franquicia. Y sí, ahora hablo de los ingenieros, o dicho de otro modo, de la gigantesca figura prácticamente fosilizada que los miembros de la Nostromo se encuentran, llamada comúnmente Space Jockey, antes de que apareciera "Prometheus" (hablo de la continuidad cinematográfica, que en los cómics la cosa ocurrió de otra manera). A Scott le encantaba la idea de contar, no sólo lo sucedido antes de "Alien", sino todo lo referente a la raza de ese coloso cuyo cadáver era sostenido por una especie de enorme telescopio. ¡Ah! Agujero en el pecho incluido, por cierto, una brutal herida que luego sabríamos (nuestra imaginación haría el resto) a qué se debía.

            En pocas palabras, los orígenes de "Prometheus" y "Alien: Covenant" no se reducían sólo al mero hecho de conseguir pasta "fácilmente" (las comillas van con toda la intención, pues realizar una secuela, un remake, o una precuela de algo que haya tenido éxito no te lo da automáticamente). No sólo teníamos detrás otras razones, sino también a la mente pensante de la joya "Alien", un filme que no sólo hizo historia del celuloide, sino que creó casi un subgénero cinematográfico que nada entre el terror y la ciencia-ficción, o entre la ciencia-ficción y el terror, variando el orden según el género que nos guste más. Quizás el mayor fallo de "Prometheus", que se estrenaba en 2012, fue el de no dejar claro desde el principio lo que iba a ser, quedándose con la etiqueta de una precuela de "Alien", cuando las declaraciones de Ridley Scott solían ir por otro camino, aunque admito que eran cada vez más confusas conforme se acercaba la fecha definitiva del estreno. El director nos vendía una precuela-spin-off, dándole énfasis al concepto de precuela no inmediata. Si nos vamos al terror puro y duro, sería algo así como la actual "Annabelle", que sirve de precuela a "Expediente Warren: The Conjuring" de James Wan (Saw, Insidious), pero, al mismo tiempo, es un spin-off centrado en la aterradora muñeca que teníamos en aquel filme. Y es que, siempre tendemos a pensar en las precuelas como en los orígenes de una cinta concreta, como el "inmediatamente antes" de una película. ¿Error de los espectadores? ¿Error de la productora? Un poco de ambos. Hoy, no son pocos quienes escupen hacia "Prometheus" porque no es una precuela de "Alien" en todo su concepto. Y sí, hay quienes la odian porque faltan aliens, esos mismos aliens que luego Scott metió en "Alien: Covenant", sobre la que también cayeron bastantes críticas. Extraño, ¿verdad? Menudo partido de ping-pong.

            Centrándome en el objetivo de estas líneas, lo cierto es que nunca he creído en el concepto de defender una película. O un libro, un videojuego, un cómic, una canción, una serie... Creo que, al final, la obra se defiende por sí misma, y ahí intervienen una serie de factores externos (objetivos) y personales (subjetivos) que consiguen que nos guste o la odiemos. Y los personales pueden ser infinitos, porque todo interviene en ellos; desde la edad en la que vimos el filme hasta el día, pasando por nuestros géneros predilectos, lo bien o mal que nos caiga el reparto, lo mal o bien que veamos los efectos especiales, las comparaciones con anteriores cintas similares y un largo etcétera que da para llevar a cabo una infinidad de ensayos ya escritos. De este modo, siempre he sido de los que si a alguien no le ha gustado una película que a mí sí, tampoco le doy muchas vueltas en una conversación al respecto, limitándome a afirmar que yo sí he disfrutado con ella, y en algunas ocasiones, enumerar las razones por las que lo he hecho. Sin embargo, con "Prometheus" y "Alien: Covenant" voy a poner la maquinaria a tope, así que preparaos para la defensa de dos filmes que, de no existir las dos primeras de la saga y haber nacido en otra época, serían consideradas joyitas de culto a reivindicar. Recordemos que, precisamente, la primera "Alien" se llevó palos por todas partes en su día, algo muy concurrido en los trabajos de Scott referentes al fantástico (ejem, "Blade Runner"), convirtiéndose, con el tiempo, en la indiscutible obra maestra que es hoy. No creo que con "Prometheus" y "Alien: Covenant" ocurra lo mismo, pero, por ejemplo, la primera está recibiendo ya mejor consideración que la que se ganó en su estreno. Algo es algo. En cuanto a taquilla, hay que recordar que, sin ser un taquillazo de los de salvar productoras, sí que funcionó bastante bien, sobre todo, a nivel internacional, susurrándole a la Twentieth Century Fox que la idea de resucitar la franquicia resultaba bastante acertada.

            Yendo por orden cronológico, aunque contando algunas virtudes como propias de ambas producciones, hay que reconocer que los repartos de "Prometheus" y "Alien: Covenant" forman parte de su atractivo, en especial, si los comparamos con las líneas seguidas en las entregas anteriores de la saga y somos fans del fantástico y el terror en el celuloide. Noomi Rapace (Los hombres que no amaban a las mujeres, La venganza del hombre muerto), Idris Elba (The Wire, La Torre Oscura), Charlize Theron (Monster, Mad Max: Furia en la carretera), Logan Marshall-Green (La Invitación, Spider-Man: Homecoming), Guy Pearce (Memento, Iron Man 3), Javier Botet (Expediente Warren: El caso Enfield, It), James Franco (Spider-Man 2, 127 horas), Billy Crudup (Watchmen, Spotlight), Katherine Waterston (Puro vicio, Animales fantásticos y dónde encontrarlos), Callie Hernandez (La La Land, Blair Witch), Demián Bichir (Salvajes, Los odiosos ocho), Danny McBride (El último deseo, Juerga hasta el fin) y Michael Fassbender (Eden Lake, Shame), son algunos de los nombres que reúnen las dos entregas. Dejando de lado el interesante trabajo fuera del filme que realizan Pearce y Franco, sobre todo, el segundo, ya que el primero tuvo más presencia en "Alien: Covenant", con una de las mejores escenas de la película, hay que reconocer el protagonismo que va tomando el androide interpretado por Michael Fassbender, actor que sería capaz de meterse en la piel de Heidi, James Brown, el presidente Obama y Beethoven, el perro, y quedar de Óscar. Pero Fassbender se merece un apartado para él solo, así que terminaré estos grandes repartos con la presencia, también secundaria, del magnífico Patrick Wilson (Hard Candy, Insidious: Capítulo 2), interpretando al padre de la doctora Elizabeth Shaw. Ese criticado gusto de Scott por darles pequeños papeles a actores y actrices que llenan la pantalla, es característico de su filmografía, así que no tiene mucho sentido criticarlo a estas alturas, y sí aplaudir por ello, por mantenerse fiel a su propio estilo. Además, es un toque que engrandece los extras de ambas cintas, con cortes, metraje, clips y escenas eliminadas que expanden las historias que nos presentan, en ocasiones, de formas bastante interesantes, y que van más allá del simple "la productora me ha cortado la película". Se nota que Scott entiende de campañas virales. Punto a su favor, en especial, cuando vemos el resultado final de "Alien: Covenant".

 

            Pasamos de puntillas, de nuevo, alrededor de Fassbender, para centrarnos, precisamente, en el argumento de las dos producciones. En "Prometheus" tenemos a la tripulación de la nave que da nombre a la película en busca del origen del ser humano, que parece hallarse en unos gigantescos seres, los ingenieros, que viven en un planeta que está lejos de ser el cielo, acabando como un verdadero infierno. "Alien: Covenant" es la continuación más o menos directa de la anterior, y digo más o menos directa porque, a pesar de lo que el público quería (comprobamos que el público no sabe bien qué quiere con ambas cintas), el realizador nos presenta otra nave espacial que se topa con los restos de la Prometheus en el planeta de los ingenieros, tal y como se prometió al final de la anterior película. Sin embargo, lo que encuentran los tripulantes de la Covenant es una auténtica pesadilla donde desconocen si el androide David es amigo o enemigo. Y sí, para qué negarlo, los guiones son el punto flaco de los dos filmes, repletos de agujeros difíciles de llenar incluso por el defensor más acérrimo (aunque ponedme a prueba, ponedme). Y aquí es donde entra también la intención del espectador. ¿Pesa más lo malo que lo bueno en "Prometheus" y "Alien: Covenant"? ¿Y al contrario? Todo depende de los ojos con los que se vea y la intención que se lleve. No podemos ver mal lo que antes veíamos bien, ¿verdad? Y dejando de lado ciertos errores argumentales, hay que reconocer que la trama principal de ambas es toda una oda a la ciencia-ficción, a la filosofía, al origen de las especies, a toda la saga alien y, por supuesto, al terror.

            ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Cuál es el objetivo del ser humano en el universo? ¿Dios existe? Si nosotros somos capaces de crear vida, ¿quién nos creó a nosotros? Muchas, muchas preguntas plantea Scott, cuestiones que han sobrevolado la saga "Alien" desde su primera entrega, sobre todo, cuando los androides hacen acto de presencia, un concepto que el director ha aprovechado muchísimo en "Prometheus" y "Alien: Covenant". ¿Hay respuestas? Unas cuantas, aunque Scott, como ocurre mucho en su cine (sólo hay que visionar "Blade Runner" para comprobarlo) prefiere que sea el espectador quien las argumente él mismo. Dicho de otra forma, eso de darlo todo mascadito no es cosa de "Prometheus" y "Alien: Covenant", ahondando más la primera que la segunda al respecto, a pesar de que ambas plantean dichos temas, cogiendo una cara de la misma moneda cada una. "Prometheus" se aleja más de "Alien" y "Alien: Covenant" se acerca más, hablándonos las dos de nuestra creación, de lo desconocido, de Dios (o dioses), de nuestro futuro, de quiénes somos, del alma humana, de lo que nos hace seres racionales y las frustraciones que pueden producirse cuando las respuestas no se adecuan a lo que esperamos, como bien averigua Peter Weyland en "Prometheus" al encontrarse, al fin, con el ingeniero, o como bien va descubriendo David conforme pasa del androide obediente de la primera al dios de la segunda, un dios malvado, cruel, sádico, despiadado y científico loco, pero dios al fin y al cabo, compasivo, amante de sus hijos, misericordioso, experimental y curioso, muy curioso.

            "Prometheus" no gustó a muchos por la "grave" ausencia de aliens (a pesar de que hay muchos guiños al respecto, incluyendo un proto-alien al final del filme, y de que la película no iba sobre ellos). "Alien: Covenant" no dejó contentos a muchos a pesar de que sí que hay aliens a cascoporro, y que está muy, muy próxima a la primera entrega, afirmando no pocos espectadores que, en realidad, estamos ante una especie de remake-reboot encubierto de la primera parte, algo bastante lejos de la realidad si tenemos en cuenta que no es el alien el monstruo de la historia, sino el mismo que el de "Prometheus": dios, nuestros orígenes, nuestra alma y nuestro lugar en el universo. Las entrevistas que Scott ha realizado desde el estreno de "Alien: Covenant", y que hablan de una próxima entrega de la saga donde los aliens apenas tendrán importancia al contrario que los androides, máximos protagonistas del filme, dejan bastante claro que el director quiere continuar la senda de "Prometheus". siendo "Alien: Covenant" una especie de concesión a los fans que pedían más xenomorfos, y que una vez ofrecidos, los rechazan. Me imagino a Scott leyendo las críticas hacia "Alien: Covenant", y pensando "ni ellos mismos se aclaran". Así es complicado acertar, y aun así, Scott se arriesga con ambas cintas, desea contar una historia, su historia, muy conectada a lo que nos narraba en "Blade Runner" más que a lo que se ha ido contando con los aliens desde "Aliens" de James Cameron (Terminator, Terminator 2: El juicio final). ¿Qué trasfondo tenía ésta? ¿Y el resto de secuelas? Más allá de copiarse entre ellas. Scott trata de recorrer otros caminos, sin abandonar lo que se nos contaba en "Alien", y de ahí sacamos más buenos argumentos para defender ambas películas.

            Homenajes y referencias por doquier. Ese proto-alien con doble mandíbula, esos trajes de astronautas que llevan los ingenieros, ese enorme telescopio, ese abrazacaras gigantesco, ese Weyland, ese David, el tema de los sintéticos, esas conexiones con el primer "Alien" que contiene "Prometheus", y que en "Alien: Covenant" son mucho mayores, en forma de aliens que surgen del pecho en honor a una de las escenas más sangrientas y famosas del cine de terror (con giro argumental en este caso, ¡esa molonidad de pre-xenomorfo saludando!), una especie de Ripley que muchos quisieron conectar con el personaje original, diseños de ingenieros y aliens originales, un final que cada vez se relaciona más con la primera entrega y una transformación del filme a monster movie bastante maja. ¿Cómo puede alguien insultar dos películas que beben tanto de las originales? ¡Al fin! Dos caras de una misma moneda; una, "Prometheus", más luminosa y, si la queremos considerar así, más profunda, más intelectual; otra, "Alien: Covenant", más oscura, más directa, más cruda, más película de terror, más serie B, más revival de "Alien", aunque con suficiente ADN de "Prometheus" como para mirar a un futuro donde los xenomorfos podrían no pasarse y nadie los echaría de menos. Bueno, igual esos espectadores que no se contentan con nada, esos que siguen soñando con el "Alien 5" de Neill Blomkamp (Elysium, Chappie), una quinta entrega cuya mejor idea, a pesar del estupendo arte conceptual que presenta, es la de regresar al pasado y volver a Ripley. ¿Hemos hablado ya de nostalgia? ¿No? Pues sorprende que algunos hablen de "Alien: Covenant" como "más de lo mismo" y luego esperen un "Alien 5" que, a todas luces, sería "más de lo mismo de lo mismo". Y eso que con "Prometheus" se tendía hacia algo diferente. Sí, me parece que Ridley Scott ignoró muchas críticas, porque si tenía que hacerles caso, se hubiera vuelto loco.

            Y como defensa de ambas películas está la dirección de Scott, siempre atinado con la cámara y capaz de darnos planos y escenas tan geniales como estremecedoras. Los dos filmes nos dejan algunas como "Prometheus" y ese aborto que se aplica la doctora Shaw a sí misma, el encontronazo con el ingeniero, el enfrentamiento final con éste (ver la escena extendida para disfrutar más al respecto), los primeros pasos en la colosal nave de los ingenieros, la lucha contra ese monstruoso infectado (también mejor en la escena alternativa) y ese doble final, tan prometedor con el viaje de Shaw al planeta de los ingenieros y la creación del inquietante proto-alien. Al respecto, "Alien: Covenant" no se queda atrás, con cualquiera de las sangrientas y brutales muertes que vemos en el filme (para que luego hablen de que cada vez más las películas que deberían ser violentas son para todos los públicos), la escena de la rotura del pecho, toda la media hora final, el descubrimiento del cruel destino de la doctora Shaw, la pelea entre David y Walter, el escenario de investigación del androide de la Prometheus, el siniestro final, la escena de la flauta, la explicación de lo que les ocurrió a los ingenieros, las apariciones de los neomorfos y, por supuesto, ese comienzo con David y Weyland charlando sobre el origen y la creación, el centro de toda esta "nueva" historia río en la mitología de "Alien". Admitamos, porque no cuesta nada, que hablamos de dos cintas muy, muy bien realizadas, técnicamente impecables salvo en algún momento CGI, con un diseño de producción de altura que las convierte a ambas en serie B con pretensiones, sin que esta definición suponga un insulto, todo lo contrario. "Alien" era eso y más, pero principalmente, era eso. No nos pongamos exquisitos. ¿Y qué decir de su banda sonora? Sin olvidar el exquisito score, "Alien: Covenant" incluye la deliciosa "Take me home, country roads" de John Denver, protagonista de un par de emotivos momentos. Sólo con tal detalle ya se defiende bastante bien ella sola.

            Para ir terminando, nos queda hablar de Michael Fassbender y su papel como el androide David, tan bueno que puede competir de igual a igual con los inmortales Ash, de Ian Holm (El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo, Desde el Infierno) y Bishop, de Lance Henriksen (Terminator, Hannibal). Lo que Scott pretendía contar con estos, va más allá con David, convirtiéndose, poco a poco, y casi sin que nos demos cuenta, en el centro de este nuevo sendero de la mitología "Alien". En "Prometheus" es un secundario robaescenas que se lleva los mejores diálogos del filme, dejándonos momentos tan esplendidos como en los que choca con los personajes humanos, o en los que demuestra cierta crueldad, cuando no, tanta humanidad y alma como sus compañeros de viaje. Es en "Alien: Covenant" en la que desata del todo como el nuevo dios que estaba destinado a ser, desligándose del bucle que veíamos en "Prometheus", y con el que comienza la secuela en una conversación muy, muy esclarecedora. Weyland va en busca de sus creadores, pero David ya conoce a su creador, un humano, un humano mortal inferior a él. ¿Quiere decir eso que los ingenieros son inferiores a los humanos? Si son en realidad dioses, y se sigue la pirámide, ¿no debería ser David el nuevo dios? ¿No debería tener sus propias creaciones? La lógica de los pensamientos de David es tan evidente como terrorífica, dándole dimensiones fantásticas a ambos filmes.

            Ahora sí. Ahora voy poniendo el punto final con un último argumento que dota a las dos películas de una calidad innegable. Siempre se ha dicho que "Alien" bebía mucho de los relatos e historias del escritor de terror H. P. Lovecraft (El caso de Charles Dexter Ward, El horror de Red Hook), sobre todo, en cuanto al miedo a lo desconocido y las profundidades del horror cósmico, y si en "Alien: Covenant" esas referencias aparecen con fuerza, en "Prometheus" son grandes protagonistas, no sólo convirtiéndose en toda una no-adaptación de la obra del de Providence, sino en una adaptación no oficial de "En las montañas de la locura", y una de las razones principales por las que Guillermo del Toro (Mimic, El espinazo del diablo) no pudo llevar a cabo la adaptación oficial de tal historia, aunque me da que es cuestión de tiempo que lo haga. ¡Si sólo hay que contemplar a ese abrazacaras vaginoso para comprender que "Prometheus" es más lovecraftiana que toda la saga "Alien" al completo! Un gran valor para una cinta poco comprendida. Y sí, no me gusta usar el cliché de "pobrecitas películas que hay que entenderlas", pero teniendo en cuenta que existen grandes joyas del cine que no fueron valoradas en su momento, apunto a "Prometheus" y "Alien: Covenant" como dos filmes a los que les ocurrirá lo mismo. ¡Si hasta a "Alien 3" le ha sucedido! Ridley Scott no lo tenía nada fácil para volver a la saga "Alien", a una de sus mejores películas, si no la mejor de su filmografía, y lo ha hecho lo mejor que ha podido, dadas las circunstancias. Y para mí, para mi gusto, para las preferencias personales de muchos (que no estoy solo, y lo fácil es criticarlas con clichés y tópicos, ojo), lo ha conseguido. ¿Podrían ser mejores? Por supuesto, pero pensemos en ellas como lo que son, y no como lo que a algunos les gustaría que fueran... y que igual no hubieran gustado tampoco a los demás.