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Adolfo Romero-Ruiz

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Pepa Arana

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ALIEN VS. EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS

La idea

 

Durante una animada conversación con mi amigo Berni surgió la posibilidad de encontrar relaciones entre dos obras maestras del cine y la literatura: Alien en su primera versión (El Octavo Pasajero; aunque por la estructura narrativa de la saga las similitudes entre las distintas entregas puedan ser asumibles y comparables) y la novela corta El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad.

 

            El relato conradiano ha sido siempre considerado como una historia con gran potencial cinematográfico, tal y como demostraron tener otras obras del autor polaco-británico llevadas al cine, como Lord Jim (doblemente adaptada) o Sabotaje (dirigida por Hitchcock). Incluso el propio director de Alien dirigió su primer film llevando a la gran pantalla otra novela de Conrad, El Duelo (Los duelistas, 1977).

 

            En este sentido, el máximo exponente ha sido sin duda la magistral Apocalypse Now (1979), de Francis Ford Coppola, aunque existe una adaptación española dirigida por Manuel Gutiérrez-Aragón que trasladó los paisajes del trópico africano a la accidentada orografía cántabra (El corazón del bosque, 1979). La irreprochable obra maestra del director italoamericano no necesita presentación alguna, y mucho menos su evidente adaptación del relato de Joseph Conrad, con el que guarda grandes paralelismos y, cuyas diferencias más apreciables son la naturaleza militar de los protagonistas y el cambio de escenario de la África subsahariana a la Indochina de la guerra de Vietnam. Por lo demás, el traslado de escenario geográfico permitía actualizar el duro mensaje del relato, adecuándolo a los tiempos en los que la cinta fue realizada.

 

            Pero, ¿Alien?. ¿Cómo puede relacionarse el excelso, por lo novedoso y crudo, relato conradiano con la primera película de Alien? ¿Es este abordaje un reto, una irresponsabilidad, afán de aventura o una mezcla de todo ello?. Permitid que seamos inconscientes y que nos tiremos a la piscina…sin flotador ni chichonera.

 

 

El camino

 

Hablamos de dos historias con un intenso clímax final, al que se llega recorriendo un duro camino. Un camino imprescindible para llegar a ese último episodio lleno de crudeza, violencia y oscuridad. Aun con apreciables diferencias formales, parece como si ese camino fuera una imagen de la vida, que inexorablemente te transporta hacia un final sabido, conocido, asumido (por inevitable), del que estamos persuadidos de que podemos elegir como llegar, pero que la mayoría de las veces alcanzamos en medio de la sorpresa, la incertidumbre y el desencanto.

 

            En el relato, Conrad describe la forma en la que Marlow llega al origen de su camino mediante la exposición de motivos que sitúan, casi de manera arbitraria, al protagonista en el inicio del río Congo para iniciar la búsqueda de Kurtz, personaje cubierto de un halo de misterio cuya verdadera naturaleza no se conoce hasta los pasajes finales de la historia.

 

            Por su parte, en Alien, la nave Nostromo (guiño de Scott nombrándola igual que la novela distópica de Conrad) inicia un viaje hacia un final supuestamente conocido y hasta predecible, que queda totalmente destrozado por el giro de la historia en la que nada es lo que parecía, prevaleciendo intereses comerciales sobre la vida de los tripulantes. Ello provoca enfrentamientos violentos tanto entre los tripulantes como contra el ente alienígena, cuestión que termina llevando a Ripley, única superviviente, a una situación de extrema violencia, en la que subyace una mezcla de suspense y terror.

"personajes de tendencias casi nihilistas (tanto Marlow como Ripley parecen estar de vuelta de todo), que se sobreponen al espanto, al terror..."

Los parecidos

Hay ciertas similitudes en ambos relatos, tan aparentemente diferentes, que nos gustaría remarcar. De entre las distintas posibilidades hemos elegido dos: la ambientación y los protagonistas.

            En efecto, encontramos parecidos razonables en ambas puestas en escena: en los dos casos se trata de paisajes agrestes (la casi ignota selva tropical en uno, el remoto espacio exterior en otro), con un reparto de secundarios poco abundante, pero con rasgos acusados, entre los que destacan el arlequín en la novela, que oficia como testigo aparente y representa, dentro de las diferentes alegorías que pueblan a aquélla, a la comunidad internacional y el traidor Ash en el film, que recibió secretamente órdenes de llevar la nave con el alienígena hasta la corporación sin importar lo que sucediera a la tripulación.

            Similares son también los comportamientos y actos de los protagonistas, personajes de tendencias casi nihilistas (tanto Marlow como Ripley parecen estar de vuelta de todo), que se sobreponen al espanto, al terror y la barbarie para convertirse en héroes anónimos que defienden con entereza lo casi indefendible, en lugar de darse por vencidos y tomar el fácil camino, en esas circunstancias, del sacrificio, para finalmente sucumbir a la barbarie de un final violento. Con la diferencia de que en el film es el instinto de supervivencia lo que aviva la desigual lucha de Ripley con la alienígena, mientras que el fatalismo y la autodestrucción son los que alumbran el final de Kurz en la novela.

 

El mensaje

Aunque ni en la película ni en la novela se hace especial referencia, parece claro que ambos viajes representan algo similar a un camino vital, tal y como comentábamos con anterioridad. La vida como viaje en el que estamos inmersos, con un destino fatal del que no conocemos nunca a ciencia cierta como lo vamos a afrontar.

            Por otra parte, se vislumbra en ambas obras una ácida crítica al mercantilismo en la sociedad. Este mercantilismo se camufla con excusas que permiten a la opinión pública conocer una versión muy sesgada de la realidad, utilizando para ello pretendidos fines humanitarios y el consabido argumento del progreso. Pero conseguido a toda costa y sin medida ética alguna: el fin (la prosperidad occidental, la riqueza de los poderes fácticos y económicos) siempre justifica los medios (el sacrificio de la base, de los “prescindibles”, en un caso la población autóctona, en el otro, la tripulación de la nave).

 

El final

Resulta difícil finalizar este pequeño análisis, porque nos quedamos con la sensación de haber dejado en el tóner (quedaría antiguo decir en el tintero) muchas cosas. Al tratarse de dos obras maestras, poliédricas a nuestro modo de ver, son susceptibles de realizar muy diferentes enfoques, menos simples y básicos que el análisis realizado aquí. Pero esa es la magnitud de este tipo de piezas: la capacidad de generar ideas y de fomentar conversaciones y discusiones enriquecedoras, que fomenten el debate y generen nuevas perspectivas. Esperamos que este mini-ensayo pueda ayudar a encauzar alguna. En cualquier caso, si habéis llegado hasta aquí, muchas gracias.