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PacoMan

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LA MULTIPLANETARIA CORPORACIÓN

WEYLAND-YUTANI

" Dan O’Bannon y Ronald Shusett crearon un background para Alien: el octavo pasajero con lo que mejor conocían... "

" Ripley se pliega a los deseos de la empresa como una verdadera anormal, con muchos ovarios..."

Poco se nos dice de la naviera de la Nostromo, ni tan siquiera su nombre. Es una empresa privada que llega a acuerdos con los sindicatos para fijar los sueldos y condiciones laborales de sus trabajadores en sus naves, lo sabemos por Parker y Carter los dos tripulantes menos cualificados. Podría ser una empresa pequeña o grande, pocos datos se nos dan en la primera entrega de la saga: Alien, el octavo pasajero la dirigida por Ridley Scott en 1979. Pero la magnificencia de esa catedral gótica que surca morosamente el espacio, como la nave del holandés errante, carente de vida orgánica, hasta que una llamada (supuestamente de socorro) despierta a la tripulación con una patada en el culo, y ¡ala! a ser perseguidos por BEM’s (bug-eyed monster) con mala hostia. Ciertamente se nos da la suficiente información para sospechar mala intención: seis habitáculos para hibernar pero siete pasajeros… Cualquiera diría que un no humano convive con ellos. Más adelante sabremos que el androide (efectivamente uno de ellos no hibernó, porque es un maldito androide fiel a la empresa y sin empatía por sus compañeros) fue añadido a la misión dos días antes de su inicio. Está claro, no es una misión rutinaria, son la carnaza de una oportunidad de negocio prometedora. La empresa Weyland-Yutani (que es como se llama) no demuestra mucha sagacidad al confiar toda la misión a un androide, despreciando lo que una tripulación humana, por muy inepta que sea, puede llegar a desarrollar en una situación de peligro. Y claro está, aparece una Ripley con unos redaños, que para que contar… mejor vea la película y no sea el último ser humano que no ha visto Alien.

     Viajes comerciales por el interés crematístico existen desde que los humanos aprendieron a navegar. Es la búsqueda del beneficio lo que descubrió América. Puede que Colón no fuera en el primer europeo en llegar, pero fueron las noticias de sus hallazgos las que cambiaron el mundo para siempre, no visitas de incógnito de la realeza vikinga. Quizás lo más parecido a la actividad de Weyland-Yutani sean los viajes comerciales que siguieron a lo narrado por Maco Polo en su libro. Sin duda la república renacentista veneciana describe perfectamente el espíritu empresarial de esas tremendas travesías en busca de las preciadas especias, con las que salpimentar las insípidas comidas europeas. Pero el epítome se alcanza en el XIX con el imperio británico y esas sociedades anónimas descendientes de la Compañía de Indias. Compañía que aparte de ser los malos de la saga Piratas del Caribe, les daba igual comerciar con tabaco y te, que independizar colonias o tumbar gobiernos. Luego llegaron las multinacionales americanas, vulgarizando el concepto, perdiendo la sutileza e imponiendo sus intereses con la inestimable ayuda del Tio Sam, y de paso mejorar el precio de las bananas en New York. Cuánta razón tenían los burgueses aristocratizados, magníficamente representados en Ortega y Gasset y su quejío de La Rebelión de las Masas: un “malditos proletarios nos lo están echando todo a perder”.

Como dice mi amigo Armando Boix (director de la extinta revista de cine Stalker) uno caga lo que come. Los guionistas Dan O’Bannon y Ronald Shusett crearon un background para Alien: el octavo pasajero con lo que mejor conocían: su propia realidad cotidiana, la de los E.E.U.U. de 1979. La economía hegemónica que acababa de salir del segundo ataque sistémico de la OPEP. Bueno, a ellos les fue mejor que a Europa, no en vano tenían y tienen petróleo para hartarse. Las muy grandes y brillantes multinacionales americanas dominaban el mundo… aunque las japonesas ocuparán parte de su espacio vital. Pero eso será un poco más tarde, ya metidos en los ochenta.

            Uno haría mal si pensase que Weyland-Yutani es una gran multinacional según lo visto en Alien: el Octavo Pasajero. Si analizamos la tripulación vemos que no son gran cosa. Dallas, el capitán no es Marco Polo o Ulises y mucho menos son los argonautas los que le acompañan. Son curritos, gente mediocre que desempeña su trabajo con poco esmero… recordemos que básicamente van hibernados; todo el día durmiendo. Sin duda queda pendiente el análisis de la micromotivación que lleva a decidir enrolarse en este tipo de trabajo. Miserable trabajo que condena a pasar la mayor parte de la vida durmiendo, envejeciendo sin vivir (aunque eso cambie en la siguiente entrega de la saga). ¿Y el sueldo? Una mierda como bien se encargan de mostrarnos Carter y Parker, los dos tripulantes humanos peor retribuidos de la Nostromo.

           

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desgraciadamente la continuación perpetrada por James Cameron, nos muestra claramente que la hibernación si detiene el envejecimiento… es imposible que Ripley se conserve tan lozana tas hibernar 57 años. Espero que a nadie se le escape las tremendas cuestiones que plantea una hibernación que no envejece al sujeto que la padece, pero analizarlo nos alejaría del objetivo de este artículo y bien merecería otro análisis más riguroso de otro autor más competente en esas lides. Corramos un estúpido velo sobre las consecuencias de ese desliz del guionista: por cierto fue el propio James Cameron.¿Por qué Weyland-Yutani recluta semejante tripulación? Obviamente porque Nostromo cubre un trayecto comercial de tercera categoría y/o porque son un maldito de cebo para aliens hambrientos. Para hacernos una idea, si lo comparamos con el siglo XVIII inglés, la Nostromo no cubre una ruta entre Londres y Bombay, sino más bien entre Liverpool y Dublín. Por eso la tripulación es de saldo y la nave un viejo carguero que ha visto mejores momentos mientras se dirige al desguace.

            Una ruta comercial de tercera división puede estar perfectamente operada por una naviera menor, una PYME del espacio. No dejemos que la grandiosidad de la nave nos haga crearnos falsas expectativas. Aunque la jugada de introducir un androide que no le importe sacrificar a la tripulación humana, con tal de conservar con vida la forma de vida alienígena, bien podría responder a la mentalidad de una multiplanetaria despiadada o a la virreina Piolina de Catalunya.

            Pero todo cambió en 1986 con Aliens: el regreso de James Cameron. El sol brilla y desvanece cualquier atisbo de penumbra. Weyland-Yutani es una pedazo de multinacional, una multinacional bananera de las que no se las salta un antidisturbios encocado del siglo XXI. En la búsqueda de su beneficio, pone a trabajar nada menos que al cuerpo colonial de marines, prestándoles una formidable nave de combate, pero escasita de recursos militares… no vaya a ser que los Aliens consideren que no son mercenarios luchadores por la libertad de los criollos contra la opresión del reino de España (¡Huy!, creo que esto no es el 98, perdón sigamos). No vaya a ser que los Aliens consideren que no son cuerpos de seguridad privados buscando el máximo beneficio de su empresa, sino de soldados de los mismísimos EE.UU (como bien demuestra las banderitas que lucen en sus hombros) y declaren la guerra interplanetaria.

            Una vez que he denigrado el militarismo tontorrón y el americanismo estupedizante de esta película de Cameron... ya puedo admitir que la disfruté como un marrano en su charca.

            Ahora sí, ya no cabe ninguna duda. Weyland-Yutani es una gran multinacional americana, con un montón de divisiones. Su división de armas, se hace cargo del extraño asunto narrado en la primera película y ve la oportunidad de negocio del milenio. Para ello no duda en envalentonar a algún comité del senado interplanetario para conseguir que los marines costeen el viaje de búsqueda y captura del alien, un potosí andante de avances militares hecho espécimen alienígena. Para ello no le importará rehabilitar a Ripley (que demostró tener unos ovarios como dos camiones) siempre que se una a la razia contra el alien (como si se tratase de una incursión de esclavistas ingleses en el golfo de guinea). Ripley que fue hundida en el fango por la propia Weyland-Yutani para salir indemne de las demandas, que los deudos de la tripulación de la Nostromo interpusieron tras conocerse el triste final de sus miserables seres queridos. Ripley se pliega a los deseos de la empresa como una verdadera anormal, con muchos ovarios pero carente de toda inteligencia estratégica… sin duda por eso fue seleccionada en la primera tripulación, no tenía porvenir alguno.
            Con el esplendor y alegría que da “la pólvora del Rey” Weyland-Yutani embarca a un joven grupo de marines, y un selecto elenco de tres de sus trabajadores: el ejecutivo agresivo, el androide y la asesora Ripley, que evidentemente tiene todos los números de salir rana. ¡Ala! A hacer las Américas…. Y claro sale mal. Los yankees serán muy patriotas, pero les toca los cojones que el patriotismo lo pongan los marines muertos y el cazo p’a trincar lo ponga Weyland-Yutani … ¡Que poco cambian las cosas!, menos en España que seguimos votando a los mismos sobrecogedores.

            Mientras tanto el mundo, nuestro mundo cambió. Los gigantes empresariales que se presumían eternos en el Ciberpunk ochentero fueron derrotados. Las multinacionales con decenas de divisiones fueron seccionadas, divididas y vendidas (sirva de ejemplo la actividad de Edward Lewis, personaje interpretado por Richard Gere en Pretty Woman (1990, dirigida por Garry Marshall). Lo pequeño es hermoso (que diría E. F. Shumacher) y las más pequeñas y especializadas multinacionales japonesas se comieron el mercado americano, mandando al cementerio esa concepción del mundo y a segunda división a las grandes megacorporaciones yankees. Pero la saga aliens se hizo enana, perdió la referencia global, se concentró en historias marginales (aunque no para Ripley). El background socio-político-económico se difuminó y las historias narradas pudieron haberlo sido en cualquier otro momento del tiempo… bueno, este articulito pretendía mostrar que Alien siempre ha sido una historia gótica, que no fue narrada en el Siglo XIX al que pertenece, por mayor gloria de los efectos especiales.


            El inicio de la saga es magistral porque nos hace creer durante la primera parte, que es una historia de Ciencia Ficción, para luego descubrirnos que es una historia de fantasmas sangrientos, que nada de lo narrado le es impropio al siglo XIX más allá de las pinceladas que unos guionistas sin demasiadas luces le dieron, con la pretensión de hacerla futurista cuando en realidad la hicieron coetánea a sus propias vidas.